
Una vez actuamos para una macarrónica banda de Ángeles del Infierno bajo el puente de una autovía. Fue en el verano de 1999, creo recordar. El encargado de llevarnos hasta aquel antro parecía uno de los malos de Mad Max y tenía los brazos tatuados a lo Tommy Lee, esvásticas y Micky Mouse incluido. Acompañado, inseparablemente, de su pequeña y angelical hija rubia, sacada de la portada del House of the Holy de Zeppellin, en su destartalada furgoneta, la banda echó a suertes el compartir viaje con él y los instrumentos. Me tocó a mi y al bajista, por supuesto. Y así comienza este primer capítulo de historias de carretera, con 200 Km junto a un sicario del Double Dragon.
Aquel personaje calvo y postapocalíptico no sólo inspiraba una extraña admiración sino también miedo y respeto, el sentirte como en una roadmovie incluía la posibilidad de una muerte de película, sobre todo escuchando la historia que nos relataría más adelante.
Hablaba como si hubiera salido de un coma y antes de arrancar la furgoneta se metió un par de rallas de cocaina mientras a su hija, sentada junto a él, le chorreaba el helado de vainilla por la barbilla. Nos encontrabamos a dos horas de nadie sabe dónde y bajo un sol que ofrecía la posibilidad de freir huevos en el capot de aquella furgoneta sin aire acondicionado. Entrañable. Continuar leyendo ‘Johnny el Motorista Vitrocerámico y Los Ángeles del Infierno (I Parte)’
Comentarios…