ELLA
Si llamas “judio” a un judio es como si llamases a un musulmán “moro”. Lo políticamente correcto sería “hebreo”, ellos se denominan hebreos… Sin embargo… los cristianos no tienen ningún término despectivo que…
ÉL (Interrumpiendo)
“Católicos”.
El Extraño Caso de El Anacoreta Urbano
ELLA
Si llamas “judio” a un judio es como si llamases a un musulmán “moro”. Lo políticamente correcto sería “hebreo”, ellos se denominan hebreos… Sin embargo… los cristianos no tienen ningún término despectivo que…
ÉL (Interrumpiendo)
“Católicos”.
Zapping…
Una joven familia llega, en la frialdad azul pardo de una tarde de diciembre, a casa de los padres de él. Su madre sale al encuentro: todos se abrazan en mitad del bosque, puede ser que rodeados de pequeñas y adorables alimañas. Adosándose unos sobre otros, como esporas, como lo harían un equipo de jugadores de rugby pero con amor, a cámara lenta. Creo ver al pequeño Scrufy, un perro labrador alimentado con chuletas de cordero, recibiendo el regreso del amito con una micción involuntaria con sabor a champán, a Dom Perignon. Da igual, estás en el campo Scrufy, tu meada es biodegradable. Como nosotros y nuestros pecados.
Vuelven, a casa vuelven, por navidad… Turrones el Almendro…

Hijos de puta.
La publicidad puede llegar a ser muy cruel. Debe ser que ultimamente deambulo perdido los páramos ignotos de la dualidad.

Es difícil que un hombre entienda algo cuando su sueldo depende de no entenderlo.
Upton Sinclair




- ¡El Deber se antepone al Placer! – Reprendió el Maestro al sorprenderle exhalando humo.
- Ora et Labora – Le contestó el alumno aventajado.

El mercurio de nuestros termómetros había reventado. Bajé sus ajustados pantalones vaqueros con delicadeza, como si actuara en una pelí erótica de los 80. Aunque su piel estaba caliente, sus piernas se enroscarón en mi lenta y friamente como una serpiente, hasta adueñarse de mi cintura sobre la que sentada se quitó la blusa.
Una inesperada gota de sudor recorrió mi frente cuando, ante mi, aparecieron aquellos pechos ultrasiliconados cuyos pezones parecían decirme “cómeme!” como si de una galleta del País de las Maravillas se tratara. Tras imaginarme saltando desnudo sobre un enorme pecho, el fugaz pensamiento de quitarle las bragas me sacó de aquel trance infantil. Sus pezones de exposición se endurecieron y la piel que los rodeaba se puso de gallina cuando mis dedos rozaron levemente sus caderas, aunque no sé si fueron mis dedos lo que realmente sintió. Por momentos la densa atmosfera de sensualidad se tambaleaba… ¡¡¡Dios: viva el porno, la liberación de la mujer y los programas que les venden a las chavalitas que ellas también pueden ser Lucia Lapiedra!!! era el momento de arrancarle las bragas pero decidí deslizarlas poco a poco hacia sus pies, había que hacerlo con sobriedad. Aquello era trabajo para un especialista en desactivación de explosivos y ella una bomba de relojería, goma 2 incluida. Cualquier movimiento que no admitiese aquel precioso mecanismo provocaría una catastrofe. Continuar leyendo ‘Le Petite Mort’
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