
William Peter Blatty: El Exorcista. Es la lectura con la que he comenzado el año. Es la segunda vez que lo leo y no quería perder la oportunidad de que formara parte de mi pequeña biblioteca. Estaba descatalogado desde hace una década, así que no dudé en comprarlo a la primera oportunidad.
No soy un lector común. Leo poco, y un poco menos. Hace unos años era capaz de devorar las 400 páginas de una edición de bolsillo en tres o cuatro horas (¿Porqué lo llaman “de bolsillo” cuando no caben en ellos?), ahora la falta de tiempo, esa endemía de la que haceis cuartada, me ha convertido en un violador de libros: algo rápido: sin prolegómenos: No, no les hago el amor delicada y dedicádamente en una tarde veraniega, todo lo contrario, los profano secuestrándolos hasta el baño, y allí, en la soledad fría de una taza de retrete a quemarropa, en el eco alicatado de su silencio, los abro destruyendo su intimidad. Les hago sentirse como vulgares prospectos de champú y, con algo más de categoría pero sin cariño, el prospecto de un medicamento, durante 10 minutos. Continuar leyendo ‘El Violador de Libros’






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