Han abierto un nuevo y bastísimo centro comercial, de esos que tiene multi multicines, super supermercado, franquicias de ropa modelna con códigos de barra y salpicado de tiendas varias. Los empleados llegan a sus puestos con GPS, para no perderse. Los guardias de seguridad parece que hasta trabajan. Todo se encuentra impoluto. Ahora todos los negocios son amables, simpáticos y eficientes; ningún empleado nuevo quiere llevarse el diploma a Empleado del mes por inaugurar el libro de quejas y reclamaciones.
En el stand de información del super supermercado espero a que una jovencita de uniforme me devuelva el importe de una compra. Hay varias y corren como hormiguitas sin hacer nada, debe ser la ilusión, el trabajo está muy mal: uno trabaja y los demás miran, España es así.
Se acerca un jefecillo de departamento veintiañero sonriente sacado de una comedia norteamericana, pelirrojo. Se dirige a ella, pero como allí todos son novatos nadie conoce a nadie: le echa una mirada buscándole la tarjeta, con código de barras, que llevan estas señoritas con su afoto colgando sobre las…
- ¡María! – Se adelanta ella.
- ¡Hummmm! – Con una sonrisa que no le cabe en su cara pícara llena de pecas – Y María… ¿Cómo sabías que te estaba mirando precisamente la tarjeta? – Añade maliciosamente para dejar a la chica en evidencia, sobre un silencio incómodo. Supone que puede meterla en caliente con la dulce y ruborizada afafata que se ha quedado planchada. Malditos babosos, vierten sus babas sobre el mostrador por un chocho con dos dedos de maquillaje e ilusiones de un primer trabajo, de un llegar a final de mes.
Me decido a interrumpir la jugada del zanahorio.
- ¿Porque no lleva el escote abierto como a ti te gustaría?
Tierra Trágale. Los pelirrojos con pecas se encienden como bombillas cuando se quedan con cara de oferta 2×1.



A eso se le llama estocada al Pipo Calzoslargos.
Qué vayan aprendiendo estos jovenzuelos….
abrazos
Deberías haberle dado, además, dos hostias.
Si por eso me gustas, porque no te callas ni una!
Y suscribo a Urodonal. Punto
38 Grados: En cuanto tienen un puestecillo de responsabilidad y además son pelirrojos… En la Edad Media los quemaban.
Urodonal: ¿Sólo dos?
Verónica: Tu también me gustas.
Me ha encantado, he vivido esa escena de película.
Te gustaría que todas esas azafatas fuesen para ti solito verdad?? Llegarías a tu casa y… quién sabe. Podrá intentar lo que quiera el pelirrojo?! Ya hará ella lo que le apetezca con el pelirrojo.
Aham… Un pelirrojo cabreado.
Todo aquel que comprenda que una mujer no es una propiedad sabe que las azafatas y cajeras de supermercado son patrimonio de la humanidad. Otra cosa es que a sus conejos no le gusten las zanahorias…