I Love Barriguita Feliz



Yo no sé vosotros, pero a mi me ha costado mucho sudor y esfuerzo mantener mis michelines a flote. Sé que hay personas a las que no les cuesta nada tener esas lorzas redonditas y vibrantes que retozan bajo camisetas o toman brillantes el sol por encima del bañador: los hay con suerte y con una genética predeterminada a gozar de barrigas de la felicidad. En cambio otros tenemos que seguir una estricta dieta: una alimentación lineal basada en toda clase de barbacoas, tapitas y bolsas de risketos. Unos tanto, otros tan poco.

Temía perder aquella curva perfecta y convertirme en uno de esos cuerpos musculosos que salen a las cuatro de la mañana en el teletienda anunciando con Chuck Norris un Michelineitor 2000. Como si de La Metamorfosis de Kafka se tratara, un día despiertas y te encuentras con ese estomago como una tableta de chocolate o con los biceps como balones de rugby, todo un horror que no conseguiría mitigar ni mis erecciones matutinas… Y ahora ¿Qué le dices a tu novia? ¿A tus padres? ¿Al sistema? ¿Podrías imaginar un mundo en el que no poder sacar barriga cuando una chica se cruza contigo?

Aún recuerdo aquel día, es el día en que uno decide ser quién y cómo es sin tener que dar explicaciones a los creativos publicitarios; es un plugin que puede autoinstalarse de la nada tras horas intensas de meditación o esperando en la cola de la panadería. Si ese momento no llegara estariais condenados a la mediocridad, a basar vuestra “felicidad” en los ciclos anímicos derivados de la percepción del yo en el espejo del baño, mañana tras mañana hasta el fin de los tiempos.

Yo era un cuerpo 10, un chico de poster para Playgirl que rechazó un contrato para sustituir a Maikel Nai en los Vigilantes de la Playa tan solo porque mi personaje se llamaba Yeims Mac Flanagan. Y aun así mi vida carecía de sentido. Sólo tenía que encender el televisor, abrir una revista o dejarme avasallar por los carteles que invadían el paisaje urbano para verme allí reflejado y comprobar que un cuerpo escultural como el mio se había convertido en un medio para vender yogures de bifidus activos anunciados por cualquier gilipollas que ni los habría probado en su vida. Había pasado a formar parte de un estereotipo castigado por la frivolidad de su presunta belleza. Un nuevo y artificial canon estético que por osmosis publicitaría había epidemizado la sociedad, y cuyos encargados serían cuatro pelabananas de la moda en una oscura conspiración con los gimnasios del mundo entero para repartir los beneficios de la venta de batidos adelgazantes. Cosas más raras se han visto señora. Ahora nos comemos un yogur que lleva cien mil millones de bifidus, l-casei inmunitas, oligoelementos enriquecidos, soja, fibra, vitaminas A y D, kriptonita y su puta madre en almibar. ¿Y todo eso cabe en una tarrina de yogur? Sí, en la etiqueta cabe de todo… Cuando estar dentro de los cánones impuestos se convierte por obra de alguien en sinónimo de felicidad algo fallará en la tuya, porque seguramente no podrás cagar a la misma hora que la chica del anuncio que toma cereales de fibra y es feliz por ello…

Hasta ese momento pensé que todo era tan triste como cortarse las venas con una caca de perro seca, la realidad es otra. Acudir al tópico del gordito feliz es una falacia, igual que relegar a pecado capital los siete que nos hacen felices y humanos. Un michelin o una barriga sostenible, dentro de los limites de la razón y la física, aportan más al espíritu que horas y horas de sacrificado gimnasio o dietas lechuguísticas. La verdura en masa para los conejos. No hay nada mas saludable que conversar junto a una cerveza y un pincho de tortilla; La barriguita… no hay que arrepentirse ni extrañarse de su aparición, ya están ahí y su tamaño (como todos los pichacorta dicen) es lo de menos; ¿Las enfermedades coronarias? De algo hay que morir y es apetecible hacerlo agusto que no amargado a base de cereales de fibra, muere joven y tendrás un bonito cadaver si la belleza es lo que realmente te importa, con dos cojones.

Lo más importante es que el desarrollo de mi barriguita feliz me ha unido a aquellos que de cualquier manera no tienen nada que ocultar y están al otro lado de la verja tras la que los perros ladran, o cacarean. Lo tienen más dificil para verdernos biofrutas y michelinators. Ahora pertenezco a una masa menos uniforme y con más dimensión humana que la de los cuerpos anuncios.

5 Responses to “I Love Barriguita Feliz”


  1. 1 lapaula 26 septiembre 2008 en 5:59

    y llevas patillas? Es curiosidad.

  2. 2 daNi 26 septiembre 2008 en 20:56

    jaja muy grande !

  3. 3 El Currante 30 septiembre 2008 en 16:19

    Ciertamente que eso de el momento all bran o lo que dice Jose Coronado en el anuncio de los yogurcitos, no es mas que una forma eufemistica de decir que ambos productos, con tanto vacilo, tanto inmutas y tanta puñeta a la vinagreta, lo unico que hacen es dar cagalera. Llamemos a las cosas por su nombre. Bifidus de danone.. unos yogures que te cagas…

    Por cierto, no quiero dejar de solicitar que al citado pesonaje de los yogures, se le aplique un tratamiento a base de darle con una goma de butano en los riñones hasta que se le quite la cara colgado de tripi que me gasta. Insoportable.

  4. 4 Silvia 4 octubre 2008 en 19:36

    Me ha encantado. Digan lo que digan, por algo se le llama “la curva de la felicidad”.

    A lo de los ingredientes del yogur sólo le falta tener zinc piritione.

    Espera ke no has visto los anuncios d fajas para mujeres, que tienen hasta 3 imanes para la zona del vientre porke dicen ke absorben la grasa(sus muertos)y moldea la figura con unas bandas de látex laterales. Vamos, que la tía tendrá la cara lila y no habrá cojones de estornudar ni coger aire para hablar.

    El enlace de la puta faja irrespirable: http://www.tvshop.com.mx/items/view/190/3/0 (es ke el anuncio lo vi en una cadena d éstas a las tantas, y lo vi entero porke me dió morbo).

    Por cierto, mi madre me contó que una vez que llevaba una faja enteriza, le dieron ganas de ir al baño y por poco se mea en lo alto de lo que tardó en quitarse los corchetes, los velcros, bajarse los tirantes -casi termosellados a la piel- y despegarse esa segunda piel tan sexy y puteante a la vez.
    Me preguntó qué habría pasado con/en esa faja si hubiese comido fabada.

  5. 5 El Anacoreta Urbano 5 octubre 2008 en 19:24

    lapaula: No, pero como por la patilla si me invitas a una barbacoa.

    elcurrante: Creo que las marcas ya están bastante perjudicadas con el amigo José Coronado. Por una parte anuncia Bifidus de Danone y por otra Hemoal para las hemorroides… creo que le hace un flaco favor a los yogures y que su manager debería saber dónde mete la cuchara (en el yogur).

    Silvia: 1. Compra una recortada 2. Revienta tu tele 3. Enviame la faja de tu madre y la sorteo en el blog si no me hace perder los pocos lectores que tengo.


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