Salí de la pastelería con dos enormes donuts recubiertos de una quebradiza y fina capa de azúcar y la sonrisilla de un niño malo.
Allí en la calle, desapercibida ante un estrambótico gorro de colores sobre el que germinaban esporádicos unos pocos céntimos, estaba ella: Una joven y preciosa rubia de pelo rasta haciendo malabares con un diábolo. Me detuve ante el ignorado espectáculo callejero con el que recorría el mundo. Intercambiamos un par de miradas fugaces: mi media sonrisa sostenida en el primer bocado de un dulce Versus su risilla tímida e intermitente, robada a la atención del malabarismo.
No tenía sujetador, era libre. Yo no tenía un euro en el bolsillo, también lo era… Continuar leyendo ‘Juegos malabares’




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