Llegó galopando en su caballo negro que, irguiéndose furioso sobre sus patas traseras, relinchó endemoniadamente ante el fulminante y escarpado abismo que le impedía continuar el camino. La roca acantilada se tragó su eco.
Decián que El Caballero Oscuro, de metálica y opaca armadura negra como el carbón y sobre la que tallaba toda clase de ángeles y demonios mitológicos, había hecho un pacto con el diablo. Le vieron caer bajo el rojo crepúsculo estepario, en la batalla: El odio y el acero habían atravesado su hermético e infranqueable exoesqueleto. Ahora cabalgaba, mercenario del infierno, completando los grabados de su armadura con bellas y letales quimeras. Continuar leyendo ‘La Maldición del Caballero Oscuro’



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