Jose Luís López Torrija, vendedor de seguros a domicilio y felizmente casado cansado murió, junto a su chihuahua, en las profundidades del oceano pacífico trinchado por un pez espada.
Había despertado allí.
Solo pudieron recuperar las plumas de su almohada. Mientras, su viuda se desploma sobre un sillón de encaje, con la mano en la frente y cara de rostro pálido. Se ha desmayado. “Oh!” exclamó… Siempre soñó protagonizar una anécdota que estuviese a su altura.
Ahora todos se hacen la misma pregunta… ¿Qué cadáver le abrirá la puerta del automóvil, los domingos por la mañana, cuando salga a pasear las cenizas del pequeño Scrufy ?




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