La Previsible pero Increible Historia del Cantante Yimi Tranka


Madrid, 12:03 Am. Septiembre. Sala de reuniones de una discográfica importante que te cagas.

Los AR (Artist Representation, que en español quiere decir los cabrones que tiran a la papelera las maquetas que los incautos remiten bendecidas de ilusión) tomán agua y patatas fritas de paquete, la multinacional con el rollo de la piratería recortó los gastos del café y los donuts. Las paredes son un hall of fame de discos y fotografías firmadas por estrellas que te cagas que un día reventaron las listas de éxito y al siguiente pusieron una pollería en Albacete. Ahora sólo se acuerda de ellos la señora de la limpieza que dispara limpiacristales a sus jetas.

Aunque a través de las grandes cristaleras el bullicio urbano no entorpece el trabajo diario, hoy sí lo hace un individuo encadenado a una farola con su guitarra. Es un cantautor de esos. Ha compuesto un tema llamado “Flores En El ojete” que piensa puede ser un Jit; sólo quiere una oportunidad y los seguratas de la multinacional discográfica que te cagas le han echado a patadas. Pensó que si no lloraba no mamaba, y como buen cantautor llora con su guitarra esperando que Euterpe baje y se la mame.

En esta ocasión los cuatro AR reunidos sonríen a pesar de que en esta reunión sus puestos penden de un hilo. Son la cabeza de turco del último fracaso discográfico:

Manuel, 39 años, guitarrista famosísimo de un grupo que partió la pana en los 80 y cuyos componentes se partieron la boca porque no se soportaban al tercer disco. Cuando vio que se hundía el barco se las ingenió para compensar la mierda de royalties que le dan por radiar sus temas colándose en su discográfica como AR. No le va mal desde entonces porque dio el pelotazo con un grupo de punks que convirtió en un grupo pop para adolescentes con poco pelo púbico. Ahora vive de la renta.

Sergio, 27 años, crítico musical y pijo. Sustituye al anterior AR que fue lanzado con una catapulta de la empresa. Trabajaba en una prestigiosa y prestidigitadora revista musical escribiendo artículos muy buenos sobre artistas muy malos. Vive en un loft del que escapan las tías cuando se descubren que loft significa desván.

Clara, 30 años, está muy buena. Se equivocó y su curriculum para Mercadona lo envió al club de fans de Bustamante que fue traspapelado a la sección de personal de la discográfica que te cagas. Inexplicablemente no entiende de música aunque hace lo que puede poniendo copas en un bar los sabados por la noche por lo que su oido solo sabe de Chayanes y Bisbales… todo lo demás es ruido. Lleva 3 años en la empresa.

Luis, 24 años, Licenciado en Publicidad, es becario. No es AR, se limita a llevar cafés que para eso tiene título universitario.

Entra el director, puro en boca y con cara de haber disfrutado las vacaciones con su suegra. No es gordo pero como si lo fuese. La música le importa una mierda, si fuera por su criterio relanzaría al estrellato a Joselito.

Director (indignado) – Esto se va a pique! Los de la competencía han sacado a ese… ese…

Clara (suspirando mientras algo le gotea en el suelo…) – Johnny Prepucio… Ainssss!

Director – Sí! Ese! Les ajustan tanto los paquetes que no sé cómo aguantan tanta presión pélvica.

Sergio – Es gay, tiene toda la pinta.

Director – Seguramente.

Clara – Es que su canción “Comiendote la Rabailla” fue todo un éxito, pegó muy fuerte en las listas.

Director – A la mierda!

Manuel – Si ellos sacan un marica nosotros podemos sacar otro, ahora hay dónde escoger.

Sergio – Yo ya lo anuncié: la culpa del declive musical es de las grabadoras de cedés!

Director – ¡Nosotros inventamos las grabadoras! ¡Es lo que más vendemos! Por eso tenemos que sacar más artistas… para que la gente compre grabadoras, copie los cedeses, hagan sus mafias y den trabajo a los negritos y a los policías que van detrás de los negritos y Ramoncín se compre otra chupa de cuero… ¡Al grano! ¿Qué nuevo artista tenemos previsto lanzar contra el estrellato?

Manuel – Nada.

Se hace el silencio.

Sergio – A mi me ha llegado una demo de un grupo de Jevi Metal satánico, son cinco, tienen madera… creo que podriamos ponerles a cada uno una camiseta de colores… rojo, verde, amarillo, azul…

Manuel (interesado) – ¿Fuera greñas?

Sergio – Dalo por hecho, fuera greñas, fuera pinchos y fuera guitarritas. Una buena coreografía y unas cuantas apariciones en la programación infantil y tachaaaaaaan!

Director – ¿Qué queeeeé?, eso nunca daría resultado. ¿Rojo?, ¿verde?…¡¿amarillo?!

Manuel – ¿Y si les pusiesemos abanicos y hombreras?

Director (perdiendo la calma) – No, no y no!… ¿Clara?

Clara – Ehmmmm… Yo tengo un vecino que canta muy bien. Toca la zambomba.

Director – Mmmm!… Interesante.

Clara – Tiene 23 años y…

Manuel (interesado) – ¿Es marica?

Clara – No sé… está muy bueno.

Director – ¡No hay más que discutir! Ese sirve

Sergio – Sí! ¡Incluso podemos innovar y ponerle una berruga con forma de lenteja en la mejilla!

Manuel – ¿Pero qué cojones dices?

Clara – … Lo único es su nombre, no es muy comercial… se llama Anacleto Gutierrez.

Director – Bueno, eso tiene solución ¿Alguien sugiere un nombre artístico?

Manuel (Visionariamente) – ENRIQUE IGLESIAS

Director – ¿Qué quieres, que la conferencia episcopal se nos eche encima? Las quinceañeras no podrían masturbarse con un ídolo llamado así y además con una berruga con forma de lenteja en la cara… es desagradable. El público femenino es capaz de gastarse 30 euros por tener un cedé original con las fotos a todo color del fulano ¿pero de un tipo con una berruga en la cara? ¡Repugnante!

Sergio – ¿Y si le ponemos Yimi Tranka?

Director – Hmmmm… Tranka… me gusta, es comercial. Imaginaros ese nombre pronunciado por una de esas locutoras de radio con voz sensual y eróticofestiva… Tranka, Yimi Tranka…

Sergio – Pero si son todas gordas y feas.

Manuel – La gente no las ve gilipollas, solo las escucha y se las imagina.

Director – Callaos coño!… y, Clara, ¿Qué música toca nuestro Yimi Tranka?

Clara – No sé… ¿rap?

Sergio – El rap está de moda… si no fijate en todos esos anuncios de yogures ¡Siempre salen niños cantando rap!

Manuel – El rap no les gusta a las quinceañeras, no se pueden aprender las letras…

Director – Ni rap, ni rip ni leches!… ¡POP!

Sergio – ¡Eso! El pop está de moda, siempre está de moda…. ¡Está todo el día sonando en la radio!

Director – ¡Para eso nos gastamos una pasta! Para que suene hasta cuando me peo. ¿Para cuando podemos lanzar a Yimi Tranka?

Meses más tarde, tras pasar por un estudio de Miami, Yimi Tranka subió del 40 al 1 impulsado por una transferencia bancaria que te cagas. Yimi paso de ser Anacleto a Yimi. Yimi era un varon caucásico de ascendencia nórdica, como las mantas, y acabó alatinadamente mulato. Yimi pasó de tocar su onanístico instrumento a componer grandes singles como “Amándote En Catequesis” o “Tu Amor Huele a Cacafuti” entre otros. Yimi sacó su primer y último disco en navidades y después cayó en la droga como Macaulin Culkin porque no pudo soportar que el nuevo cantante de moda, Tony Loflipas y su canción “Llorando Sin Cebolla”, le destronase de las discotecas y los platós televisivos. Yimi no cobró un euro de derechos de autor e imagen porque las canciones no eran suyas y la imagen tampoco, es más, tuvo que pedir un préstamo al banco para pagar a su discográfica el millonario anticipo por sus 302 copias vendidas. Yimi acabó, tras vender su desintoxicación, televisando sus neuras en una Isla con siete famosetes y allí se enamoró de un bello orangután con el que ha retomado sus origenes rítmicos (la zambomba) en la gran vía de Madrid, cual perroflauta amazónico.

Y ahora ¿Quién será el próximo Yimi Tranka?

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