Reflexiones Suicido-televisivas


Mk Ultra

Tengo una duda. No sé que estará sucediendo ahora mismo en cualquier despacho de cualquier cadena de televisión, mi imaginación es muy arbitraria, es decir, no sé si los contenidos se deciden a los dados o lanzando una moneda al aire. Puedo intuir, en cambio, que los directivos no ven más que los extractos de sus cuentas bancarias, eso y las fotos que se hacen para salir en el periódico firmando acuerdos que beneficiarán al espectador y con los que más tarde se limpiarán el culo. La tele es del como el político, promete y promete pero al final te la mete.

Resulta paradójico ver como un presentador sonríe y anuncía con orgullo que su equipo de periodistas ( de los de verdad, no de los que van con un micro detrás de pakirrin!) persiguen la noticia hasta cuando esta está indispuesta en el baño, y mientras en bambalinas, la cadena redacta su carta de despido porque la audiencia prefiere Los Serrano. La televisión nunca ha tenido ni tendrá alma, y aún así la vende y la prostituye. Sí es cierto que ha rozado épocas doradas y entrañables para muchos de nosotros. Recuerdo una conversación muy agradable que mantuve con Olvido Gara, Alaska para los amigos, acerca de la programación que disfrutamos desde principios de los 80 hasta mediados de los 90 y la abismal diferencia con la actual. Alaska me comentaba que era la misma que la que pudiera haber ahora, antes tan sólo había dos canales en comparación con los tropecientos actuales. La Bruja Avería era el único material audiovisual que podían idealizar los chavales. Aunque Alaska acertó de lleno olvidó que las limitaciones técnicas y económicas ilimitaban la imaginación de guionistas y productores. Las dificultades siempre afilan la agudeza.

Actualmente esas premisas son nulas. Y eso ha provocado que entremos en una dinámica muy diferente, la del pez que se muerde la cola. Para augurar las próximas decadas de evolución televisiva es conveniente mirar a USA, si hay algo que los americanos hacen bien aparte de las franquicias de donkin donuts es la televisión, en eso nos llevan años de estupidez o ventaja, según se mire. Aquí empezamos a desarrollar los Talking Shows, los Late Night shows y el adulterado Club de la Comedia con veinte años de diferencia. Gracias a ellos, los yankis, la televisión ha pasado a entenderse como un mercado (¿Qué seria de un programa ahora sin su 806, sus mensajes de texto o su recopilatorio de música basura?) y como tal se debe a la oferta y la demanda, igual que la pornografía, las armas y las drogas de diseño.

¿En qué momento de la historía de la televisión nos hemos vuelto adictos a la mierda? No estoy capacitado para contestar esto, pero sí puedo adivinar algo: una gran parte de la población llega a sus casas después de un intenso día sintiendo la alitosis del jefe en la nuca, metafóricamente claro (o quizás no); esperando en un atasco a que el tanque de la gasolina se caliente lo suficiente como para irse al otro mundo sin tener que dar explicaciones y llevarse por delante a otros los 50 cabrones que tiene a la redonda; viendo en los periódicos o escuchando en la radio como el ser humano es capaz de vender a su madre por un kinder sorpresa sin sorpresa dentro… Todo es cuestión de combinatoria con resultados de estrés y ansiedad. Así que cuando uno llega a casa lo único que desea es acoplarse en el sofá y olvidarse de la realidad viendo algo que no le haga cuestionarse su coeficiente intelectual. Ver, por ejemplo, como se degrada una persona a cambio de 5 minutos de gloria en el sofá del Diario de Patricia es algo que puede llevarte a otros estados de conciencia diferentes al de la realidad. Audiencias y Shares aparte, la televisión es hoy en día el ópio del pueblo, después está el fútbol y los Semana Santa.

Por ese motivo no creo que la culpa la tenga el espectador o el que monta la parrilla de programación, aunque la haga como el que pone chuletas en una barbacoa. La culpa es de las marcas que se anuncian y de los que se enbolsan esa pasta, invisibles tras sus respaldos de cuero negro, acarician un gato de angora o apagan el puro en la coronilla en movimiento de sun secretarian. Y mientras el gusto les recorre la espina dorsal disfrutan de la programación: una gorda que ha adelgazado 120 kilos y ahora es guapa y feliz y ya no se come un pollo para desayunar pero sí las poyas que no se ha comido en 15 años gracias al pograma ese de las operaciones de estética… Eso sí, no te acordarás de cómo te crece la hipoteca, de lo tercermundista que es nuestra administración pública, de lo que tarda telefónica en ponerte una linea y lo poco que tarda en cobrar la mensualidad…

Huelo que la televisión no es más que la vaselina con la que nos la meten doblada cada día y el wisky con el que bebemos para olvidar lo míserables que somos y donde nos hemos metido, lo que hemos votado (el que lo halla hecho…), lo poco que hemos ganado y lo mucho que hemos perdido. Nos han bautizado sin permiso y ahora todos somos cristianos no practicantes, que eso no hace daño a nadie ( …pero engorda las estadísticas con las que trapichean en Roma.).

Pongo tele5 y veo a gentuza metiéndose gritos, exactamente lo que deberiamos estar haciendo nosotros.

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3 Responses to “Reflexiones Suicido-televisivas”


  1. 1 Juan Rubio 6 septiembre 2007 en 9:27

    Muy buena reflexión amigo anacoreta, por decirlo de una manera finolis, también podría haber dicho: “muy buena vomitada, te has quedado a gusto”, pero bueno a mí me gusta ser educado y me quedo con la primera.

    La tele convencional he dejado de verla, salvo las noticias y cuatro cosas más. Paso mis horas libres más enganchado por internet, es como un cambio de ciclo la tele por el ordenador. Me interesan más las cadenas francesas por satélite, donde hay una gran programación, unos debates interesantes, mucha cultura (sobre todo en Arte) y he utilizado la tele como herramienta para estudiar francés. En las cadenas libres de la BBC también hay muchas cosas interesantes pero el inglés es mi asignatura pendiente. Conclusión, he buscado fuera lo que en casa no encuentro.

    Un saludo anacoreta,

  2. 2 Hasta los cojones 9 septiembre 2007 en 0:58

    Pues yostoy igual. No tengo tiempo y lo que dan es una puta mierda. Mi poco tiempo lo utilizo el leer periódicos y a gente interesante en la bloposfera que tienen opinión propia y que me aportan algo. Para todo lo demás… Master Card 😉

    Salu2.

  3. 3 El Anacoreta Urbano 9 octubre 2007 en 16:23

    Mr. Rubio: A mi también me interesa lo francés, sobre todo las tortillas y las felaciones.

    Hasta los Cojones: La tele tiene más sentido si la conectamos al ordenador o la vemos anestesiados con alguna sustancia que altere la percepción. Sigo pensando que Wells tenía razón pero se equivocó en una cosa, el Gran Hermano no te vigila, no le hace falta, ya lo vigilamos nosotros…


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