Erase un Hombre a un Prepucio Pegado


No lo digo yo, lo dice Eduardo Punset. El cerebro del hombre, es decir, el cerebro del hombre que tiene cerebro, dedica e implica un área en los mecanismos y procesos sexuales tres veces mayor que el de la mujer.

Es una gran coartada: Cariño, la naturaleza me ha desprovisto de mis capacidades más elevadas y me ha desterrado por unos minutos a la cueva de la que procedemos ya empalmados. Ni siquiera asistimos a la catarsis dolorosa a la que la luna somete a un hombre-lobo, tendría su magia si fuera así y, en cambio, preferimos demonizar nuestros procesos biológicos. Nuestras erecciones responden a un chupito de procesos químico cuya gota colma instantaneamente de ebriedad nuestras pollas, como el Dr. Jeckyll Y Mr. Hyde: Uno quiere comprender y amar, el otro quiere follar. Chicas y mujeres del mundo, no es tan difícil de asimilar: a vosotras la naturaleza os ha proporcionado mayor capacidad e inteligencia emocional, a nosotros nos ha dotado con un piloto automático y un cerebro que corrige, según la ocasión, el trasvase de riego sanguineo de una cabeza a la otra.

Es un click patológico, un brote de esquizofrenia carnal de la que no se puede escapar. Una droga cuyos efectos aparecen antes de ser consumida y que reduce nuestra capacidad intelectual y emocional a la categoría de síndrome de abstinencia precoital. Antes de eyacular soy un verdadero animal, un monstruo de Serie B, un licántropo erecto de la Hammer que sonríe disfrazado de persona a la vecina en el ascensor y mientras piensa en eyacularle en la cara. Soy un cerdo, me odio, me enveneno, me enfermo, me gusta. Erase un hombre a un prepucio pegado.

Cuando termino de eyacular todo vuelve a la normalidad, vuelvo a ser yo: despierto, resucitado de entre las hormonas, en armonía y con el karma en orden, sin miedo al regreso del kaos pero amenazado y vendido, traicionado por mi mismo, adherido a las pautas de comportamiento social como un inofensivo parásito que consume sexo con el mismo grado de vergüenza y recato de cualquiera de vosotros. Además soy capaz de reducir toda esta amalgama de pensamientos al momento en que miras tus manos llenas de flujo y piensas ¿Qué estoy haciendo? ¿Quien soy? ¿Cómo he llegado hasta aquí? soy una víctima más a pesar de tener aún el arma caliente en una de mis manos.

El sexo es en cada uno de nosotros una puerta a lo desconocido, un regreso al origen, un final destripado en el que conviene echar hasta la última gota de bilis y semen para lograr ese equilibrio malsano que nos hace aparentar ser lo que no somos. Esa parte interior que habla cuando los monos de un documental de la 2, los bonobos, se la pelan uno a otro o se saludan en el ascensor del árbol haciéndose unas pajas… “Qué calor hace hoy en la selva ¿No?… espere que se la sacudo…”. Quiero ser monobo, pero solo yo, los demás os jodeis.

Los católicos lo tienen más fácil. Siempre pueden echarle la culpa a la corruptibilidad de la materia, a la tentación, a la purificación del alma a través de la redención del pecado. Para eso está el Mal, el dulce mal, es decir, el área del cerebro tres veces mayor que el de nuestras mujeres, para convertirnos en bonobos aunque sea en nuestras particulares pajas mentales.

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4 Responses to “Erase un Hombre a un Prepucio Pegado”


  1. 1 Hasta los cojones 5 noviembre 2007 en 16:22

    Tío, que le he soltado toda la parrafada a mi mujer y que dice que no cuela. Que no le apetece y yasta. Sniff.
    Por cierto, no veo la imagen. O me he quedao ciego o es que no la has subido bien… La imagen. En que estaría yo pensando.

    Un abrazo.

  2. 2 urodonal 5 noviembre 2007 en 20:20

    Así que la receta para la felicidad en la pareja es

    tres pajas por cada polvo ¿no?

    Un abrazo

  3. 3 nitro 6 noviembre 2007 en 1:48

    Punset está equivocado….. la proporcion es entre 5-7 a 1

    deje de fumar y paseme algun pastelillo !!!

  4. 4 El Anacoreta Urbano 6 noviembre 2007 en 7:46

    HLC: No desesperes. Tú también puedes ser un bonobo!

    Urodonal: ¿Sólo tres? Debo estar realmente enfermo.

    Nitro: Veo que el cogollo gigante te ha dado hambre, es que sólo vienes a gorronear al blog. Únete al club bonobo, las 5-7 a 1 partes de tu cerebelo te lo agradecerán.


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