Maltratada Con Razón


La sustitución de los machanguitos verdes de los semáforos por machanguitos verdes con falda y el debate del sexo del Oso del Madroño (si es oso ¿no es gay?). La mujer nunca estuvo más incorporada a la sociedad desde la aparición del reguetón. ¿Qué será lo próximo? A estas alturas podriamos esperar cualquier cosa…

En Hispánicas (carrera cuyo título puedes colgar en el retrete de tu casa) aprendí que la lengua, a pesar de las pretensiones de la ortodoxia lingüística en llevarse el gato al agua en cuestiones disciplinarias, es como aquel chiste en el que un chaval llega a casa con la cara arañada y su padre le pregunta: “Hijo! Qué te ha pasado?!? Quién te ha hecho eso?!?” a lo que el chico responde “Nadie, me he caido en el parque…”, “Pero… hijo! No me mientas! Eso no te lo has podido hacer en el parque…”, “Sí Papa, me caí sobre los rosales y…”, “Qué coño estás diciendo!!! En el parque no hay rosales…” Interrumpiendo a su padre el chaval pone punto final a la conversación con un “Mira Papa, el gato es mio y me lo follo cuando me sale de los cojones!”. Pues bien, el gato es la lengua, el papi la ortodoxia y nosotros nos follamos al gato cuando nos da la gana. Pero ¿Hasta que punto estamos devaluando el placer puntual de hacerselo con un gato o de ignorar las tildes para ahorrar pulsaciones de teclado?

Se ha discutido mucho acerca del uso que damos a la lengua. De las reflexiones revisionistas y anticolonialistas de unos al radicalismo surrealista de las feministas con dos cojones, la lengua ha pasado a ser algo chabacano, devaluada por políticos, periodistas y bufones televisivos. Nunca los usos linguísticos habían atravesado una etapa tan decadente y monótona, será que leemos menos que Stivi Wuonder, si me permiten el guiño cómplice a los profesionales del piano.

Las pretensiones de furor uterino en determinar el género de las palabras han dado mucho juego al político. Es cuestión de marketing. Han optado por incorporar al discurso de mítines y cuentos chinos a votantes y votantas, pues hay tantas que el número de votos podría multiplicarse si no descubriesen que, hasta ahora, no se las tenía en cuenta como votantes. Los Diputados y Diputadas se pasan por el forro la gramática mientras los votantes y votantas, en definitiva votontos y votarates, dejen en sus manos el derecho a determinar el género de las palabras como si de censadores de pollos (y pollas) se tratasen. Cuantos más derechos defiendan, por absurdos que sean, más grande será el círculo de ignorantes e ignorantas a los que venderles una historia. Y si no existen se inventan.

Esta nueva corrección política es un nuevo eufemismo, un insulto a la inteligencia y a la mujer. Tanto como la metrosexualidad ( tapadera de la misoginia) lo es para el hombre.

La lengua no es sexista, es sexista el que la utiliza de tal modo: es sexista igualar condiciones distinguiendo géneros, es sexista tener en cuenta a la mujer como votanta cuando ya lo estaba. Es sexista reclamar bibliotecas para mujeres y decir paridas acabadas en “a” si eres Ministra de Igualdad. Es sexista, e incluso machista, que una mujer diga que puede hacer el mismo trabajo que un hombre; se tira piedras en su propio tejado pues para lo que está hecho el hombre es para comerse la polla a sí mismo si pudiera, y así son los trabajos que puede desarrollar con tal mente primigénica.

Si gobernasen ellas las cosas irían mejor.

Y follariamos más, que es de lo que se trata. Ya lo dijo en su momento Platón (antes de salir de la caverna…)

Otra que tal mea es la Televisión, también tendriamos que determinar su género. El aparato en cuestión tiene más delito pues, al contrario que el político, nos da gato por liebre en nuestra propia casa: allanamiento de morada, deberían llamarlo. La Tv, y la pandilla de felacionistas, tertulianos y tertulianas, que le comerían la vagina rosa a Ana Rosa por dos minutos más en pantalla conviven con nosotros. Y de fondo, son las voces esquizoides de la lengua. Que lo mismo desenmascaran al homosexual que a la maltratada, para que la plebe disfrute en la arena del nuevo circo romano (al vulgo le gusta saber quien disfruta con un dedo metido en el ojete). Esto tiene repercusiones lingüisticas: la demonización de las palabras, los conceptos y el discurso. El Homosexual es gay si tiene un piso en Chueca y conduce un Mercedes Compressor, si trabaja en la obra será MARICÓN. A la mierda el significante y el significado. A la maltratada la pegan, la vejan y la matan con el uso a indiscrección del laismo y con la insistencia del lalalá de Massiel en Eurovisión.

Esta vez sí podemos pedirles a todos ellos que se metan la lengua en el culo. No se puede hablar sin pelos en la lengua para acabar llenándonos de pelos de culo ¿No?

Los eufemismos terminan siempre en boca de ganso, como una muletilla que solo sirve para insultar genéricamente y que por lo tanto no significan nada. Nos retroalimentamos de resultados que terminan empobreciéndonos. En cuanto a lo puramente formal, escribir las tildes en un teclado depende de dos cosas: de las ganas que tengamos de pulsar teclas y de sí realmente sabemos dónde debemos colocarlas. La economía del lenguaje se ha convertido en la comida rápida de nuestro vocabulario. Decir te quiero a tu pareja por un sms del movil se ha convertido en dos letras: TQ, las mismas calorias de emotividad que un pepino en tu recto. La economía del lenguaje nunca fue tan romántica.

La calle es nuestra, digerimos la lengua como un bocadillo de choped con nocilla, que terminará desapareciendo en el retrete para reciclarse y regresar al diccionario de una RAE que “limpia, fija y da esplendor”. Como Mr. Limpio Baño. De nosotros depende que la riqueza de una lengua llena de conceptos no termine convirtiéndose en el guión de una película porno.

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4 Responses to “Maltratada Con Razón”


  1. 1 Evinchi 26 noviembre 2007 en 19:11

    Puf….te habrás quedao a gusto , eh, jajajjajaja.

    Estoy totalmente de acuerdo en lo que dices, y me gusta como lo expresas.

    Yo como soy anti ismos, odio el feminismo casi tanto como el machismo.

    Y en cuanto a lo que dices de la lengua, tienes toda la razón, yo leo mucho, pero estas malditas teclas están dando al traste con toda mi sintaxis y gramática.

    Un besito, no me extiendo más, este sería un tema para unas cañas y unas risas.

  2. 2 nitro 26 noviembre 2007 en 23:21

    supongo que habrá leido el famoso artículo de Reverte sobre la reforma del castellano. Si no es así , aqui le dejo el link

    http://blogs.ya.com/nitroyglicerina/200707.htm#13

  3. 4 NemesisDivina 20 enero 2009 en 17:00

    La lengua es un órgano sexual que algunos depravados usan para hablar.

    La gente guevona sobra, y la diselxia se contagia… jajaja. Nada justifica el hecho de no usar bien las palabras, ni siquiera la dislexia pero no hay por que ser tan facistas, a menos de que a uno le nazca serlo. Facinante tu escrito, fascinante… ambas cosas. Que cada quién obre como le de la gana xP


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