Le Petite Mort


El mercurio de nuestros termómetros había reventado. Bajé sus ajustados pantalones vaqueros con delicadeza, como si actuara en una pelí erótica de los 80. Aunque su piel estaba caliente, sus piernas se enroscarón en mi lenta y friamente como una serpiente, hasta adueñarse de mi cintura sobre la que sentada se quitó la blusa.

Una inesperada gota de sudor recorrió mi frente cuando, ante mi, aparecieron aquellos pechos ultrasiliconados cuyos pezones parecían decirme “cómeme!” como si de una galleta del País de las Maravillas se tratara. Tras imaginarme saltando desnudo sobre un enorme pecho, el fugaz pensamiento de quitarle las bragas me sacó de aquel trance infantil. Sus pezones de exposición se endurecieron y la piel que los rodeaba se puso de gallina cuando mis dedos rozaron levemente sus caderas, aunque no sé si fueron mis dedos lo que realmente sintió. Por momentos la densa atmosfera de sensualidad se tambaleaba… ¡¡¡Dios: viva el porno, la liberación de la mujer y los programas que les venden a las chavalitas que ellas también pueden ser Lucia Lapiedra!!! era el momento de arrancarle las bragas pero decidí deslizarlas poco a poco hacia sus pies, había que hacerlo con sobriedad. Aquello era trabajo para un especialista en desactivación de explosivos y ella una bomba de relojería, goma 2 incluida. Cualquier movimiento que no admitiese aquel precioso mecanismo provocaría una catastrofe.

Quizás por eso decidí que sacar un condón era algo que no estaba escrito en mi guión. Nadie podría imaginar a Stallone sacando un plátano para disparar a los malos mientras hace los ruidos con la boca… pañum! pañum!… pues yo no podía imaginar el quitarme aquella chica de encima para dedicarme a buscar entre los bolsillos de mis pantalones mientras yo blandía semejante cipote entre mis manos como si fuese el mismísimo Conan el Destructor. Todo el mundo sabe que la calderilla, las llaves del coche y los condones están el último bolsillo o escondite de la ropa desperdigada por el suelo: alcayata humana busca. No había sitio para escenas cómicas en un guion de Oscar. Ese momento era irrepetible y debía ser milimétricamente cuidado: si ella no había sugerido condón yo no iba a fastidiarle la ilusión de no usarlo. Además ella era guapisima y sensual, me hacía vibrar como un mando de pleiesteison, no era posible la admisión de cualquier enfermedad en aquel cuerpazo que seguramente tendría un sistema inmunológico con leucocitos como armarios empotrados, derecho de admisión reservado como en los buenos pubs. Mi capacidad de reflexión caía por momentos como la bolsa de Madrid cuando ella me besaba. Como contrapunto allí estaba el pensamiento funesto del condón. Se me antojaba mentalmente como un condón sonriente con ojos y manos, sacado de un dibujo animado que pretende informarte del Mal de una manera políticamente correcta… como si hablase de sexo la alcaldesa de mi ciudad. “¡El condón es tu amigo!” me decía el muy hijoputa desde algún lugar de mi mente: tenía razón, pero aquella chica tenia razones más grandes, y redondas, para hacerme desistir de la verguenza de sacar un condón ¿Qué pensaría ella? ¿Qué le podía pegar algo raro? Le cortaría el rollo, las estadísticas no fallan.

Ignition sequence star… three, chu, uan… El mejor polvo sin plastificar de toda mi puta vida. Terminado aquel viaje interdimensional en forma de géiser del placer ella se levantó con ese cuerpo asesino al que yo le había asestado más de 300 puñaladas de carne. Me dio un beso en la frente mientras jugueteaba con miniyó y mientras mi cuerpo yacía sonriente esperando el olor a putrefacción y el forense pudiera decirme porque no podía mover ni un solo músculo: “Se debe haber follado usted a una tribu de amazonas!” dirá, “hijo de su puta madre!” pensará. Tras vestirse se despidió de mi como si de dos desconocidos complices se tratara, follar así es un placer. Oí el chasquido de la puerta cerrándose cuidadosamente y en el silencio estalló aquel zumbido de energía cósmica bombeado por mi corazón a cada una de mis celulas: aquella chica me había matado literalmente.

Aquel día debía ser remarcado en el calendario con uno de esos bolis de colorines. Fue el día que cogí el virus del sida.

Las estadísticas no fallan.

Anuncios

10 Responses to “Le Petite Mort”


  1. 1 Evinchi 2 diciembre 2007 en 16:42

    Si es que jugando con fuego…hay muchas posibilidades de quemarse..

    Hasta el momento final, te estaba quedando el texto muy jugoso y juguetón…mmmmmmm. ;)))))

    Supongo que no es autobiográfica. Un besote.

  2. 2 lapaula 2 diciembre 2007 en 18:34

    Esto debería ser de lectura obligatoria en los colegios!

  3. 3 elsur 2 diciembre 2007 en 20:11

    pero que malo eres !!! jajaja

  4. 4 nitro 3 diciembre 2007 en 15:29

    Follaba tanto que en lugar de condones se la había plastificado.

  5. 5 awanta 7 diciembre 2007 en 21:24

    El texto esta guay! De donde lo has sacado, es un libro? Por cierto la imagen de donde es? Esto no es un iterrogatorio.
    Tienes hora?

    http://awanta.wordpress.com/

  6. 6 El Anacoreta Urbano 7 diciembre 2007 en 21:45

    Awanta: El texto es mio. Si te ha gustado te invito a que leas más cosas.

    La imagen pertenece a una empresa italiana dedicado al siempre productivo sector funerario. Hacen creer a los ancianitos que si compran un ataud el rigor mortis se la pondrá dura.

    Son las 22:43

  7. 7 Hasta los cojones 13 diciembre 2007 en 21:45

    Tío, no contestas a la pregunta de si es autobiográfico. Espero y deseo que no. Si no lo es, la historia ta quedao nikela 😉
    Por lo demás, Otro abrazo.

  8. 8 El Anacoreta Urbano 14 diciembre 2007 en 0:07

    HLC: No es autobiográfico. Pero sí he hecho también locuras. Gracias, un abrazo.

  9. 9 Hasta los cojones 14 diciembre 2007 en 20:10

    Yo también… Yo también.
    Caliente no me para ni Dios. JA, ja, ja…
    Gracias que podemos contarlo y reírnos de ello ¿No?

    Un abrazo.

  10. 10 rata perezosa 17 diciembre 2007 en 20:49

    Tal y como has pintado la escena (con encomiable maestría) creo que, aún sabiendo que esa mujer está lejos de no almacenar en su interior ningún tipo de virus, si ella no pronuncia la palabra condón, el resultado hubiese sido el mismo, bueno, puede que treinta segundos más tarde.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s





A %d blogueros les gusta esto: