Los Páramos Ignotos de la Dualidad


Zapping…

Una joven familia llega, en la frialdad azul pardo de una tarde de diciembre, a casa de los padres de él. Su madre sale al encuentro: todos se abrazan en mitad del bosque, puede ser que rodeados de pequeñas y adorables alimañas. Adosándose unos sobre otros, como esporas, como lo harían un equipo de jugadores de rugby pero con amor, a cámara lenta. Creo ver al pequeño Scrufy, un perro labrador alimentado con chuletas de cordero, recibiendo el regreso del amito con una micción involuntaria con sabor a champán, a Dom Perignon. Da igual, estás en el campo Scrufy, tu meada es biodegradable. Como nosotros y nuestros pecados.

Vuelven, a casa vuelven, por navidad… Turrones el Almendro

Hijos de puta.

La publicidad puede llegar a ser muy cruel. Debe ser que ultimamente deambulo perdido los páramos ignotos de la dualidad.

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3 Responses to “Los Páramos Ignotos de la Dualidad”


  1. 1 38 grados 21 diciembre 2007 en 7:08

    qué bonita estampa navideña….con meada incluida….
    Lo que diga el Almendro va a misa.

  2. 2 rata perezosa 23 diciembre 2007 en 13:59

    La publicidad pretende que las navidades sean una extensión de “¡Qué bello es vivir!”, en donde los buenos sentimientos lo pueden todo, y con su lucha, la conquista definitiva: rios, mares, océanos de felicidad contagiosa de la que nadie escapa. Hasta en el más recóndito almacén de Asia un niño percibe toneladas de felicidad a lo lejos, deja de coser la zapatilla deportiva que sostiene entre sus manos durante un intervalo aproximado de medio segundo, y sonríe. Sonríe contagiosamente, porque la felicidad contagiosa no entiende de distancias, barreras o fronteras, por lo menos en navidad. Y todas las familias se reunen y se inflan a besos porque se quieren, pero se quieren sólo porque es navidad.
    Y si estás inmunizado contra esta especie de histeria colectiva en pos de la felicidad, siempre puedes recurrir al turrón e inflarte hasta reventar.
    Un saludo, anacoreta.

  3. 3 mutatis mutandis 24 diciembre 2007 en 20:52

    Abuelete de setenta y muchisimos años. Pensión miserable que le da para turrón El Almendro pero no para el último remiendo que necesita sus dentadura postiza. Se ve en casa. Sólo. La tableta sobre el mantel con alguna que otra mancha de aceite que no sabe cómo quitar porque su mujer antes de irse a la tumba no le legó el secreto. El teléfono suena. Los hijos que olalá se han acordado de él. Cómo te va, Papá? Uys hijo pues mira…. Oye!!! No te oigo!!! La cobertura!!!! Lo siento, feliz noche, ya nos veremos!!! Si hijo si, feliz piiiiiiiiiiiiii.
    La tableta vuelve a mirarle. Y escondida tras ella la perversidad de unas fiestas cargadas de hipocresía y colesterol celulítico.
    Esto va para los que tratan que en su vida los valores “navideños” sean una constante: FELIZ VIDA!!!!
    ps: me encanta tu blog, ojalá pudiera ser así de creativa.


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