El Violador de Libros


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William Peter Blatty: El Exorcista. Es la lectura con la que he comenzado el año. Es la segunda vez que lo leo y no quería perder la oportunidad de que formara parte de mi pequeña biblioteca. Estaba descatalogado desde hace una década, así que no dudé en comprarlo a la primera oportunidad.

No soy un lector común. Leo poco, y un poco menos. Hace unos años era capaz de devorar las 400 páginas de una edición de bolsillo en tres o cuatro horas (¿Porqué lo llaman “de bolsillo” cuando no caben en ellos?), ahora la falta de tiempo, esa endemía de la que haceis cuartada, me ha convertido en un violador de libros: algo rápido: sin prolegómenos: No, no les hago el amor delicada y dedicádamente en una tarde veraniega, todo lo contrario, los profano secuestrándolos hasta el baño, y allí, en la soledad fría de una taza de retrete a quemarropa, en el eco alicatado de su silencio, los abro destruyendo su intimidad. Les hago sentirse como vulgares prospectos de champú y, con algo más de categoría pero sin cariño, el prospecto de un medicamento, durante 10 minutos.

Mis libros son lobas románticas, de un solo cliente, que esperan en el barrio rojo de mi estanteria, cerca de mis pipas y una cabeza de buda que custodia y soporta el caos del lugar. Allí busco furtivamente entre los títulos cuando un retortijón saca mi lector oculto: Sthepen King – El Misterio de Salem´s Lot: Kafka -Meditaciones: Hesse – El Lobo Estepario: Torcuato Luca de Tena – Los Renglones Torcidos de Dios: Anton Szandor Lavey – La Biblia Satánica: Robert Mckee – El Guión: Un diccionario de ideas afines: Graffiti – Arte Urbano de los 5 Continentes: Poe – Cuentos Vol.1: Dragó – Carta de Jesús al Papa: Una pila de revistas sobre botánica llamadas Cáñamo y Yerba.

Lo sé: soy raro. En casa de mis viejos tengo muchos más libros y una colección de Cds, sí: ese soporte que paso a la posteridad con sus amiguitos la cinta de VHS y el vinilo zombie.

…Últimamente me he decantado por libros y manuales sobre escritura de guiones, arte y diseño y, por supuesto, al cabrón de Peter Blatty que es el que finalmente me llevo.

Lo difícil de hablar sobre libros es que algunos lectores somos unos intransigentes, más bien lectores antisociales, recelosos, sólo hablamos de los libros que nos apasionan y no dejamos que nadie nos recomiende título alguno. Supongo que me he perdido grandes obras, pero a cambio, he ganado grandes viajes en soledad al alma de otras tantas. También tengo lecturas programadas, deseadas, descensos analógicos a la wikipedia y descubrimientos que hacen de la información la cultura evolutiva de internet (Eso y el sexo ¿Que te crees que es esto?). El mundo digital nos llena el depósito vacío y prescindible de información fácil.

Ese acto estúpido de rechazar recomendaciones literarias, a cambio de mantener cierta integridad literaria (y cinematográfica que es otro cantar) como si de un condón enfundado en la cabeza se tratase, me ha llevado a revisitar las obras una y otra vez. Los libros son algo muy personal y trascendente, son una busqueda, son pequeñas respuestas y secretos desvelados que pertenecen al mundo, la intimidad del pensamiento puesta a disposición de cualquiera: Son putas por amor al arte.

Si prohibiesen los libros la gente leería más; Los escritores se volverían más gilipollas de lo que son; Traficarían con ellosen los servicios de laqs escuelas.

Yo los violo.

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