Zeppelin Nocturno


Era de noche. Salió del edificio. Llevaba la mochila llena de drogas. Iba hasta arriba. Hasta arriba llegaba… y volaba. Era feliz. Lo había pasado mal. Ahora tenía su casa llena de estupefacientes… Drrrrrrroga… Paró un instante para quitarse de encima aquella soga. La repitió en su cabeza cien veces hasta que dejó de tener sentido. Hace tiempo que acabaron las sonrisas ilegales a domicilio. Todo resultaba algo místico, algo tímido, algo químico. Los semáforos le rendían pleitesía. Si caía la noche, de su mochila salía el día. Quería repartir magia como el calvo de la lotería. Su corazón late verde como el luminoso de la farmacia. Hasta él se acerca el yonki que entorpece a menudo sus maniobras de aparcamiento. Quería “coger el autobús que me falta un euro…“. Un autobus que no pasa no es un autobús perdido. Pero todo era mentira, lo quería para pincharse, y fliparse, para cerca irse, quizás marcharse. Porque cuando se iba no estaba. Pero allí seguía: pidiendo pasta. Pasando frio. Bebiendo vino… Convirtió el autobús del yonki en un zeppelin sin destino. Se alejó acompañando sus pasos con mentales fraseos. Aquella noche se había fumado el mundo entero. Alquímico, como un átomo sonriente y amarillo. Lisérgico, colorearía la ciudad como un cómic de Goscinny & Uderzo: bebiendo de la marmita mágica de un druida ancestro. Como un pitufo puesto de setas, le detuvo un Munipa con nariz de esnifar peta-zetas. Le dice que parece un Latin king o no sé qué puñetas. No se le veían los ojos, llevaba las gafas de sol (por la noche) puestas. No tendría el graduado, ni la Egebé hechas. Podría ser cabecilla hueca de una pandilla de ultraderechas. Pero el chico sonreía. Y el mono quería la mochila: Queeeeee “de lejos se le olía“; Queeee él era “Policía“; Queeeee “sabía” lo que decía; Que le metería de ostias si no obedecía. Entonces abrió el macuto. Allí no había ni un canuto. Sorprendidos por una luz divina, comenzaron a llover estrellas: con aquel polvo de hadas el mono se convirtió en una bella extranjera. No era un sueño. Allí seguía lloviendo. La mordió en el cuello. La dejó en el suelo. Y mientras se alejaba bailando descubrió sonámbulo un dirigible en el cielo. Un hada madrina con cara de yonki le concedió el deseo.

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2 Responses to “Zeppelin Nocturno”


  1. 1 rataperezosa 24 febrero 2008 en 7:29

    Si, para convertir un mono en una bella extranjera se necesitan muchas drogas, y no vale cualquiera. Te ha quedado niquelado.

  2. 2 El Anacoreta Urbano 8 abril 2008 en 6:46

    Rataperezosa: Te sigo la pista, lo intuyes, tus viñetas parecen mi biografía, menudo cabronazo estás hecho. En el fondo no somos especiales, lo sé, estamos hechos todos de la misma madera de Ikea. ¿Alguna vez has ido tan puesto que has confundido a una bella extranjera con un munipa? Hay yonkis que son entrañables, un coñazo, pero entrañables. Esconden historias de perdedores maravillosas.


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