La Hora Bruja


Hoy he ido a la playa a ver el atardecer.

Las puestas de sol en las playas de Sanlucar de Barrameda son especialmente bonitas si la hora bruja sonríe con malicia. Voy allí, silencioso, con mi discreto walkman puesto, como si fuera el único asistente cosciente al funeral de colores que deja el astro a la par que agoniza en el oceano y la cúpula celeste muta en un lienzo sepulcral de tonos violetas, púrpuras y cirros teñidos de rojo. Camino sobre la arena humeda, en la tenue claridad, ahora desterrada a deportistas y marujas en chandal habitantes de otra dimensión; y me alejo hasta una barca encallada en la soledad, desde la que poder disfrutar de ese regalo místico con un cigarrillo mágico. Enciendo la hierba con un viento imposible y pienso en que, a pesar de estar todo el día solo, este instante es uno de los pocos respiros que nos damos a nosotros mismos para sobrellevar ese exceso de circunstancias que asumimos con mejor o peor suerte. La hora bruja. La hora en la que se abren las puertas entre dimensiones y los seres de otro mundo acechan a los rezagados.

En algún momento de introspección, un murmullo me rescató desde la inopia a la playa.

Era Natalia.

Natalia, sí,… aquella concursante rubia, post-lolita que participó en Operación Triunfo con una tropa de personajes que podían ser tus vecinos del quinto y ahora son estrellas de la música popf a dos carrillos o habitantes del inframundo mediático que anuncian antiadelgazantes. Ella no sé en que grupo está, no se lo pude preguntar. De momento hace un programa con vaquillas a lo Humor Amarillo con Bertín Osborne en la tele, cosa que no me parece nada mal porque hay que ganarse la vida como sea. Tras ella un grupúsculo de familiares bienavenidos, la mámma, los primos, un fotógrafo, el manager, su estilista, un caballo y el cuidador la seguían hasta la orilla para realizar un reportage fotográfico kamikaze, a machete.

Y allí, a lomos de un precioso caballo gris retozaba algo acojonada. Tras subirse al cuadrupedo como si el culo le pesase diez kilos de gambones de Sanlúcar. Mientras su estilista luchaba loca contra el viento y los elementos, el cuidador del caballo, un hombre robusto con la rabadilla del culo curtida por el sol en cualquier finca del lugar, trataba de mantener tranquilo al equino, al que horas antes habrían cabalgado y jodido con una fusta en las carreras que se celebran en estos días en la playa. Malditos fumadores de puros. Al cabo de unos minutos una señora llena de lorzas embutidas en un bañador verde que pasaba por allí se acerca al improvisado escenario y a continuación muge a su familia que se rebozan en arena como filetes empanaos…

– Chariiiiiii! Chariiiii! La Nataliaaaaaaaaaaa!

Vaya, ya no le dejan a uno ni fumarse un porro a gusto en la playa. Escuché como Peter Griffin de Padre de Familia se reía en mi cabeza.

Ahora desde la lejanía se acercaban los familiares de la Chari a zancadas, como si en vez de Natalia, nuestra lolita amazónica cuyas piernas rodeaban fuertemente al caballo mientras sus labios acariciaban con respeto el lomo del animal, fuese aquello un kiosko de bocadillos de chorizo por la jeta. La Chari, una señora sonrientemente mellada corría con su tatuado marido que bien podría rodar por la playa como un balón promocional de Nivea. Dispuesta a retratar con su móvil lo cerca que ha estado de la oscura maquinaria del marketing: aquel donde las chicas lo mismo posan calientes y sensuales sobre caballos jerezanos que presentan el club Disney con coletas y escote generoso, como sus sonrisas. Para enseñarselo a sus vecinas.

Y sin embargo Natalia me cae bien porque no es espectacular, no es exhuberante ni ha optado por operarse el pecho para vender cedeses, hasta ahora su carrera creo que ha sido coherente: espero que no saque más discos. En fin, ahí estaba ella: toda una profesional posando ahora sobre la arena. Bañada una y otra vez por las olas como una sirenita con su ombliguito azotado por el frio; Y en cada posado los niños michelín de la Chari retienen en la retina sus muslos tersos en cada instantanea, inlcuida la piel de gallina eliminable con fotochoped. Salvando las distancias, recordé la historia de un amigo mitómano que imaginaba a sus estrellas favoritas en el retrete para desmitificarlas y separarlas de los elegidos que no podían protagonizar los apretones y retortijones a los que sometía en su imaginación: entre ellos estaba Maikol Jakson, Madonna…. Ehmmmm! Siento joderos vuestros mitos… Qué honor! El test del retrete: tan válido como el test de la cara de follar, del que otro día hablaremos detenidamente.

Pero aquello era la hora bruja. Y Natalia era una ninfa con perfil promocional en Badoo, y los orondos visitantes: faunos de pueblo con televisión analógica enchufada a una patata. Por un momento deseé rescatarla, susurrarle al oido y ponerla a salvo con su familia de La Comarca Hobbit para volver a verla disfrutar de un atracón en un buffet libre o, al menos, permitirse un eructo como Penelope Cruz anunciando Coca mientras protagoniza Blow. Ya era demasiado tarde: había sucumbido al lado oscuro: las vaquillas. Ya no volverían a verle chorrear mayonesa por la barbilla en el burguerking del cine, nunca maix.

Entonces se oscureció la playa y tras las fotos de rigor con una cámara de 1,2 megapixel del móvil, incluida la de su manager (este tipo de gente, en medio de una cena te sacan el movil y te enseñan a Natalia por las buenas… como queriendo intercambiar cromos o algo así por el estilo…), se fueron tan rápido como llegaron (creo que esta frase es del guión de Conan El Barbaro). Y yo me quede allí: sólo: disfrutando de un último mp3 como si aquello fuese “Planet Caravan” de Black Sabbath, y rescatase los últimos instantes de ese respiro interrumpido: caminando en el crepúsculo añil con el viento a mi favor. Nunca entendí porqué solo tenemos una luna, deberiamos tener otro satelite más grande… como las lunas de Endor del Planeta Ewok del Retorno del Jedi.

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5 Responses to “La Hora Bruja”


  1. 1 Silvia 7 agosto 2008 en 20:47

    No hay nada como la paz y el intento de glamour rotos por lo cotidiano. Qué morbo y cómo me he reído (Marujas rule!).

    Natalia, aunke no hubiese ido a Operación Tufo, jamás pasaría hambre.Su padre tiene un buen ubicado restaurante, donde el mismo Zapatero va a pasar sus raticos en Doñana.

    El test de la cara de follar promete, aunke me hace cuestionarme si voy a tener ke follar en lo sucesivo tapada por un rectángulo negro sobre mis ojos, como en la época del Pronto y las telenovelas. O con un antifaz carnavalero. El caso es desmitificar hasta a la + sensual puta en una cama, no?

  2. 2 eR dEiVi 11 agosto 2008 en 16:56

    El test de la cara de follar ya existia ?? mierda, pense que era un subterfugio de mi perturbado subconciente en la continua busqueda del climax con amigas no comunmente dadas a tener sexo.

    CHARIII, LA NATALIAA !!! xDD

    P.D.: Brutal el blog, deberias fumarte un cigarrillo magico tan grande que te permitiera escribir un libro, o dos. Depende del susodicho. Asi no tendria que estar esperando 2 meses pa leerte 😉 Saluditos!

  3. 3 dakko 4 septiembre 2008 en 13:21

    Jajaja buen relato de un dia de playa… xD
    Natalia esta buenísima, ya me gustaría encontrarmela a mí…
    Salu2 desde mi blog, pásate cuando quieras.

  4. 4 israel ckobain 11 noviembre 2009 en 6:58

    Que rica imaginacion, sobre todo la parte donde va montada en el animal con sus labios en su lomo. Si me lo puedo imaginar. haaa

  5. 5 Carmencita. 15 febrero 2010 en 1:21

    Ojú…

    Tú vales mucho.


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