Johnny el Motorista Vitrocerámico y Los Ángeles del Infierno (II Parte)


NOTA: Si no has leido la primera parte no podrás estar al hilo de la segunda (^_^) … date una vueltecita por…

Johnny el Motorista Vitrocerámico y Los Ángeles del Infierno Parte I

Aquella noche esperabamos protagonizar un concierto a lo Motley Crue. Con moteros de aspecto vikingo rugiendo sus tubos de escape y cuyas barrigas cerveceras serían acariciadas por rubias de diversa índole moral. Al menos así sucedió en una anterior ocasión, en la que estos particulares Ángeles del Infierno Infernal celebraron el primer aniversario de su club, mientras tocabamos el Rock ´n Roll de Zeppelin, ellos hacián estallar sus jarras de cerveza en cada brindis (pobre empresario hostelero) como verdaderos hooligans del asfalto. Qué ilusos fuimos.

La furgoneta abandonó la carretera para internarse y descender sobre un pequeño y abrupto camino rural de tierra: abierto a un acantilado a uno de sus lados y limitado por una enorme pared rocosa al otro. Si a alguien se le hubiera ocurrido usar el mismo camino en sentido contrario seguramente estariamos muertos… Johnny no sería capaz de utilizar la marcha atrás de aquella furgoneta sin la ayuda de Scooby Doo dentro, y posiblemente una roca de descomunales proporciones hubiera caido sobre la misma para rematar aquella historia. Pero llegamos sanos y salvos para descubrir el lugar en el que se celebraría aquel concierto de rock (Yeah!!!)

El antro en cuestión era una especie de bareto improvisado por guerrilleros de la FARC en un escenario digno de La Matanza de Texas. Ilegal y abandonado bajo el puente de una autovía de Almería. Con la única compañía de Johnny y su hija canibal. Faltaban dos horas para el espectáculo y allí no había ni escenario, ni equipo de sonido, ni luces… ni falta que iban a hacer.

Mientras improvisabamos nuestro set en aquel cuchitril escuchábamos en nuestros corazones los lejanos estruendos de los tubos de escape de una temeraria banda de moteros que se dirigía hacia allí, hambrientos de cerveza y rock. Sólo llegaron 3 y uno de ellos en Vespino. Eran cerca de las 23:00, el show debía comenzar y allí estabamos ante cuatro moteros cutreborrachos sentados alrededor nuestra en taburetes, una hippie añeja con las tetas colgando por debajo del ombligo y el organizador del evento tras la barra sirviéndole cubatas.

– ¿Sólo 6 personas?
– Faltan más, irán llegando… Creo.
– ¿Y las tías? – Preguntó nuestro batería asombrado.
– ¿Las putas?… Las traen esta noche después del concierto, ¡son rusas!- Nos contestó el jefe del tinglado. – ¿Quereis unas rallitas?
– Mmmm… No ¿Podemos comer algo antes de comenzar?
– Claro! Tenemos aquí estos bocadillos de jamón serrano y una botella de Four Roses…
– Hecho.

Y acto seguido aquellos bocadillos envueltos en plastico como una maleta del aeropuerto auguraron la dureza de la noche, que avanzaba a la misma velocidad con la que los cubatas caían en los estómagos de aquellos animales. Y digo animales porque en mitad de uno de los temas que integraría nuestro primer disco, uno de los motoristas zombie se levantó y arremetió a patadas con su pequeño taburete para, acto seguido, recogerlo de forma pacífica y restaurarlo nuevamente a su lugar. Seguramente se tratase de uno de esos prontos que les dan a los moteros del infierno y que acaban en las pelis con el bar arrasado y la gente volando por encima de la barra estilo M.A. Barrakus, claro que, allí no había suficientes como para crear el efecto dominó. No contento con su performance, en mitad del punteo del siguiente tema, se acercó hasta el micro ante la desbordada mirada del vocalista, dio un sorbo a su cubata y soltó un increible relinche de caballo que sus compañeros aplaudieron brindando con Grog.

Nuestro set se agotó hasta tal punto que ni las canciones propias ni las versiones de Zeppellin y Purple calmaron a aquellos seis personajes. En nuestra, ya tocada y frágil, integridad de rockeros quedará la experiencia de haber tocado “La Bamba” dos o tres veces para coronar el espectáculo.

Terminamos el show y cobramos.

– Bueno y… ¿Cuando nos vamos?
– ¿Ya os vais? Johnny ha ido a por las putas, no hay vehículo. – Era la 3:30 de la mañana. Y aunque hubiera sido posible largarnos de allí ¿Hubieramos sobrevivido en el regreso nocturno?

Estabamos cansados y decidimos improvisar el sueño en el lecho de un rio seco a escasos metros de la “fiesta” hasta que a las 5 de la mañana Johnny se presento con un regimiento de lumis con narices en forma de aspiradora (como la suya…) que dejaron Almería, y a los presentes, sin un gramo de mierda durante al menos una semana. No conseguimos salir de aquel lugar y regresar al local de ensayo hasta las 16:00 de la tarde.

Pero lo más jodido de todo fue que el batera olvidó coger el dinero que dejó en la guantera de la furgoneta de Johnny, el motorista vitrocerámico, y su hija canibal.

Anuncios

4 Responses to “Johnny el Motorista Vitrocerámico y Los Ángeles del Infierno (II Parte)”


  1. 1 lapaula 16 septiembre 2008 en 10:03

    Me acabas de recordar todos esos chistes malos de baterías… ;):D

  2. 2 El Anacoreta Urbano 16 septiembre 2008 en 12:44

    lapaula: Cuentate uno a lo Spinal Tap.

  3. 3 lapaula 17 septiembre 2008 en 1:45

    No sé yo si es el momento, últimamente te visita gente muy susceptible, no vayan a devolver y ahogarse en su propio vómito…


  1. 1 Johnny el Motorista Vitrocerámico y Los Ángeles del Infierno (I Parte) « El Anacoreta Urbano Trackback en 15 septiembre 2008 en 19:48

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s





A %d blogueros les gusta esto: