Archivo para 28 julio 2009

Ética de Reciprocidad según El Anacoreta Urbano

SITUACIÓN A

– ¡Gracias! Hoy me iré a la cama sabiendo algo nuevo!
– No me des las gracias. Si de verdad quieres agradecérmelo, enséñame algo que pueda aprender con una sonrisa.

SITUACIÓN B

– ¡Gracias! Ha sido genial!
– No me des las gracias. Si de verdad quieres agradecérmelo, déjame volver bajo las sábanas a comerme tu sonrisa.

SITUACIÓN C

– Jajajajajaja… Gracias por hacernos reír Anacoreta!
– No me des las gracias. Si de verdad quieres agradecérmelo, por favor, date cién latigazos. (Yo también quiero reírme)

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¿Dónde vas Caperucita?

Si acaba este cuento
de luna llena maldito,
cavaré mi tumba,
me enterraré en la tundra.
( …Lejos: bajo las hojas)

Entonces olvidarás mi nombre:
Si un día fui lobo…
Si en la noche fui hombre.

Y solo acecharé tus recuerdos
cuando vuelvas a ser niña.

¿Entras o sales?

Alguna vez escuché que cuando se cierra una puerta se abren diez ventanas. Parece que el secreto está en entrar y salir, en quedarse poco tiempo. Yo no salgo todo lo que debiera, sin embargo, entro al trapo siempre que puedo. En otras ocasiones estoy que me salgo; Pero salgo a que me de el viento mientras dentro sigue la fiesta. Hay gente a la que no le entra en la cabeza que otra salga del armario pero sí que salga por patas o de un portazo en las narices cuando la cosa se pone fea. ¿Sabes nena? Haremos una entrada espectacular. Tiraremos la casa por la ventana. Saldremos a toda ostia de aquí antes que los dioses nos transmuten en un mueble de Ikea: Bienvenido a la República bananera de tu casa. Te gustará como entra mi música mientras sale el sol pintando esta cúpula de imposibles sensaciones, cojo yo con photoshop y le cambio los colores. Te daré un par de copias para que prediseñes tu perfil con algo que se salga de la realidad. Serás mi Copy-paste. ¿Capisci? Seguir leyendo ‘¿Entras o sales?’

La Luna

Llevo un par de semanas sufriendo de insomnio. Las ideas me revolotean la cabeza como murciélagos y no me dejan dormir. En estos momentos son las 6:53, está saliendo el sol y antes de intentar dormir un rato me apetecía escribir sin la obligación de tener que pensar mucho las frases, ni buscar juegos de palabras de rimas cadentes, ni siquiera busco una sonrisa. Tengo la gran suerte de haber cambiado la ciudad por el campo y se agradece salir fuera y mirar hacia arriba para ver el cielo estrellado: somos pequeñas mierdas pensantes esperando un ovni o lanzando preguntas al espacio que morirán como la perrita Laika. Todos duermen. También tú. Y desde que no nos conocemos pienso que desde la ventana de tu ciudad quizás no veas la luna. He decidido que ese será nuestro lugar de encuentro: la luna. Con una seguridad aplastante te diría que casi nadie se fija en ella, ni siquiera los poetas, esos cabrones la tienen ya estereotipada como si fuese una de las multiples identidades de un queso: hoy toca el roquefort. Tan solo es un cacho de satellite que gira perenne alrededor de la tierra, tiene cojones: orbita por la ley de atracción de los cuerpos, sugerente. Pero, física aparte, es como esa llamada telefónica que podría mantenernos durante horas atados al teléfono cuando nos echamos de menos, si es que alguien me echa de menos alguna vez. No es como una árbol o una farola, es un depósito de sueños, de los sueños que perdimos los insomnes. Cuando no duermo imagino que quizás la estés mirando al mismo tiempo que yo y te dejes llevar por los mismos pensamientos y emociones. ¿Sabes? Me inquieta pensar que esa misma luna que miramos ha sido también observada por nuestros padres en algún extraño momento de sus vidas (en una noche de insomnio por ejemplo…) con un ducados en la mano y los mismos fantasmas y murciélagos ofreciendo alternativas a lo que pudo haber sido y no fue. Algún día podré encontrarme allí con alguno de vosotr@s cuando yo ya no esté, también con mi pequeña. La verdad es que ella, la luna, no tiene culpa de nada, ni siquiera de nuestras licantropías. Puto cacho de pedrolo espacial… especial. Es como una parada del tiempo en la que esperamos que pase el próximo minuto, las próximas horas, para regresar de dónde nunca nos habiamos movido. Es bonito. Allí, aunque anacrónicamente, también me he encontrado con grandes amigos que dejaron unos cuantos libros a sus espaldas, o cualquiera de esos locos librepensadores que por un momento supusieron poner su pie allá arriba. Imagina la de gente que se habrá sentado allí a esperar, a esperarse mutuamente, en el silencio, llevándose cualquiera de esas piedras lunares como trocitos de fe. Quizas nos volvamos a encontrar tú y yo, en el mismo lugar aunque, seguramente, pases por delante mía y ni siquiera te percates de que, en algún momento en el tiempo, esté esperando aún tu mirada. (Me piro a la cama…)

Tocando las pelotas

Lo han hecho de nuevo. Los muy desgraciados me han fastidiado las vacaciones. No tardaron mucho en convertir mi ciudad en un parking gigante: Fuengirola es una gran y bizarra zona azul en el mapa que me confirma el estado catatónico del Ayuntamiento ¿Acaso no saben que ya pago un impuesto de circulación? Mientras busco un aparcamiento para ir a la playa me crece la barba. El paseo marítimo se ha convertido en un sorteo de obstáculos y coches en doble fila. Desesperante y mortal si no posees aire acondicionado en tu coche. Decido aparcar cerca de mi casa, a 200 metros, e irme a la playa andando.

Oh! La playa, que bonita. Con sus colillas de tabaco, sus botellitas y bolsas de plástico, sus cascaras de pipa, sus poloflashes de leche… ups! Son condones!. Las olas me traen el aroma del salitre; esa espesa capa de nata sobre su superficie esperando a ser tragada por cualquier crio que aspire a convertirse en radioactivo o en tortuga ninja. A mi cabeza acude mi primer artículo del blog, premonitorio, surrealista ¿hiperbólico? En absoluto. Solo es cuestión de tiempo. Seguir leyendo ‘Tocando las pelotas’

La Maldición de los Mecheros

Hola, perdona…

¿Un cigarro? ¿Tienes fuego? Uhmmmm….

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La Verdad (Quimera II: La Enferma mentirosa)

Si vives en una mentira
no podrás evitar el hedor
de la verdad cadáver…

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