Tocando las pelotas


Lo han hecho de nuevo. Los muy desgraciados me han fastidiado las vacaciones. No tardaron mucho en convertir mi ciudad en un parking gigante: Fuengirola es una gran y bizarra zona azul en el mapa que me confirma el estado catatónico del Ayuntamiento ¿Acaso no saben que ya pago un impuesto de circulación? Mientras busco un aparcamiento para ir a la playa me crece la barba. El paseo marítimo se ha convertido en un sorteo de obstáculos y coches en doble fila. Desesperante y mortal si no posees aire acondicionado en tu coche. Decido aparcar cerca de mi casa, a 200 metros, e irme a la playa andando.

Oh! La playa, que bonita. Con sus colillas de tabaco, sus botellitas y bolsas de plástico, sus cascaras de pipa, sus poloflashes de leche… ups! Son condones!. Las olas me traen el aroma del salitre; esa espesa capa de nata sobre su superficie esperando a ser tragada por cualquier crio que aspire a convertirse en radioactivo o en tortuga ninja. A mi cabeza acude mi primer artículo del blog, premonitorio, surrealista ¿hiperbólico? En absoluto. Solo es cuestión de tiempo.

Delante de mi toalla una pareja de amigos se disponen a jugar a las paletas, ese juego playero tan autóctono como un bocadillo de chorizo lleno de arena con cocacola. Sin duda la costa no sería lo mismo sin ellos, el paisaje quedaría limitado a niños con pelotas de Sinchán y viejas paseando mollas por la orilla. En la lejanía una pareja de vigilantes de la playa se acerca, velan por nuestra seguridad playera y dominguera.

Perdonen caballeros… – Se dirigen a los Tocapelotas de las paletas.

No se puede jugar a las paletas aquí, está prohibido en la orilla.

¿Qué cómoooo? – Uno de los jugadores se da la vuelta con cara de imbecil, la que se le ha quedado.

…Que no se puede jugar a la pelota ni a las paletas en la orilla. Deben irse detrás de las hamacas de la playa o meterse en el agua a la altura de la cintura.

Mi primer pensamiento fue el de levantarme y unirme a los jugadores de paletas para sepultar bajo un hidropedal a quien se preciara, digno de un cómic de Mortadelo y Filemón. Podía imaginar a aquellos dos amiguetes allí detrás, donde la arena hace los pies a la plancha, en pleno juego dando saltitos de un lado a otro, primero un pie, después otro, para aguantar la arena que arde como ascua a las cuatro de la tarde. El dominio del poder mental sobre el dolor solo está al alcance de los faquires, no de los jugadores de paletas. Podía oler en mi imaginación la carne poco hecha, vuelta y vuelta; Igualmente no podía imaginar a aquellos amigos siendo engullidos por el oleaje mientras las raquetas de madera y la pelota llegaban naufragas a la orilla. Además nadie querría que un jugador de paletas muriera ahogado tras un corte de digestión, el dominio del poder mental sobre la impresión genital cuando entramos en el agua solo está al alcance de los guiris y los faquires, no de los jugadores de paletas. Aquello debía ser una broma televisiva.

Según un bando del Ayuntamiento no se puede jugar a las paletas, así que si continúa jugando llamaré a la Policía Municipal…

¡Pero si aquí no molestamos a nadie!

A ese señor le pueden dar un pelotazo en la cabeza – dice señalándome con el dedo.

No, a mi no me molestan, parecen unos chavales muy majos. Me molestan los bandos estúpidos del Ayuntamiento y ustedes que me quitan la vista bucólica de aquella rubia cuyos pezones parecen galletas maria dorada bañadas en la inmensidad del mediterraneo – le corregí con desidia tras mis gafas de sol, quería que también se me llevaran en un coche de municipales, esposado y rebozado en arena como una croqueta.

Mientras los amiguetes continuaban su juego, los vigilantes, walkie en mano, llamaban a los pitufos. Ahora la escena se me antojaba como un sketch de Gila…

Hola? La Policía Municipal? ¿Está el cabo?… Que se ponga… Verá, es que estamos apatrullando la playa y unos delincuentes no quieren dejar de jugar a las paletas. ¿Los detenemos a porrazos o les hacemos una aguadilla?… ¿Calor? Sí, mucho ¿Que se los mandemos al chiringuito?… ¿Y si no quieren? Ah! Que no tiene usted bañador, que no venía con el uniforme. Claro… sí… que se pueden escapar nadando y está usted aun haciendo la digestión de la tapa de ensaladilla rusa… bueno… pero no me tarde que lo mismo se ponen a salpicar y pa que queremos más…

Treinta minutos después, hubieran sido quince si no es por las ganas de trabajar, y a falta de la aparición de un equipo de geos con miras telescópicas sobre las azoteas de los apartamentos de primera linea de playa, aparece una pareja de municipales. Con sus uniformes y todo. Atravesando la playa tras sus gafas de sol . A cámara lenta, como si se tratase de un plano secuencia de Tarantino para pasar después a otra serie de planos: plano general de los agentes avanzando impasibles y amenazantes: Uno de ellos que pisa a sangre fría el castillito de arena de un pobre niño: Primer plano de la cara del otro agente asintiendo el acto con cara de malo: plano americano del niño que llora con una pala en la mano mientras, dentro del encuadre y tras él, la madre echa a correr con profundo dramatismo…. Perdón, me dejo llevar por la épica del momento.

Buenas Tardes ¿no saben ustedes que está prohibido jugar a las paletas?– Una gota de sudor recorre ya la frente del guardia. Puede que sea el calor, puede que sea la vergüenza de saber que además de para poner multas, ahora, también detiene jugadores de paletas.

¿Nos van a detener?

Vamos a ver… La documentación, los dni… Ostias!

Yo no suelo traer el dni a la playa…

Pues si no tienes documentación te llevamos a comisaría, no se puede ir indocumentado por la calle… – La gota de sudor se ha convertido en apenas unos segundos en un rodal de sudor en el sobaco. Definitivamente debe ser el calor.

Creo que la tengo en el coche…

Pues vete a por ella.

Al rato.

…Bueno pues os vamos a poner una multa a cada uno…– comenta mientras apunta en su libreta los datos del dni de los chicos. Sus caras han pasado de la incredulidad a la desesperación que causa tragarse la ira como un bocadillo de polvorones. Si aquello estaba sucediendo y era real también podía suceder que si ignoraban la orden y continuaban su juego aquellos esbirros y sicarios del bando municipal sacaran sus porras y se unieran a apalear. O peor aún, que uno de los agentes gritara “Tira la paleta al suelo!!! Las manos en la cabeza!!! Pon las manos en la cabeza!!!” y acto seguido disparase a la cabeza, ¡Bang!; “Era la paleta o mi vida” declaró el agente al diario Sur. Todo podía suceder en aquel momento.

Solo faltaba que hubiese también gorrillas en la arena, y te indicasen el sitio donde poner la toalla para sacarte un euro y mangarte la mochila en un descuido; Que cobrasen por ducharte; Que prohibieran el topless; Que convirtieran la orilla en un inmenso parking de zona azul lleno de parquímetros, máquinas de tabaco y refrescos; Que los chiringuitos terminaran sembrando sombrillas y hamacas como patatas en una huerta. Nunca sabré si aquello fue un choque dimensional, una insolación colectiva, un poltergays de playa… Solo sé que acojona.

Por lo pronto quiero enterarme de cuales son mis derechos como ciudadano, turista y dominguero porque, si pasarme un Edicto del Ayuntamiento por el ojete se traduce en una sanción administrativa, quebrantaré todos los bandos que esten basados o extraidos literalmente de un tebeo de Superlopez o una película de Esteso y Pajares. Estoy dispuesto a amortizar mi delito allí hasta donde esté tipificado, ni una paleta más ni una paleta menos. No me importa ser multado o detenido siempre que a cambio pueda salpicar y mojar a los agentes con una descomunal sonrisa, cabrearlos bajo el sol y hacer que alguno se bañe con el uniforme puesto. Cuando me saquen del mar con los grilletes puestos me tiraré a la arena, rigido como un manifestante antisistema convencido, y rebozaré a nuestro amigo el municipal como un filete empanado mientras me meten en el coche. que después tendrán que limpiar. En el periódico el titular será: “detenido por jugar a las paletas” y seré el heroe playero por excelencia, como el zorro pero en bañador y con michelines. Cuando el Juez de primera instancia lea la denuncia me invitará a una cerveza y un pincho de tortilla, me presentará a su hija y acabaré jugando con él a las paletas donde nos salga de los huevos. Nunca un delito estuvo tan bien amortizado.

Estaos atentos a los periódicos. No está el horno para bollos… Ah! Y por cierto no pienso pagar una puta multa de zona azul.

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5 Responses to “Tocando las pelotas”


  1. 1 Nitro 4 octubre 2007 en 23:19

    jajajajajajaja

    lo voy leyendo poco a poco porque de golpe me dan ataques de tos

    jajajaja

    salud

  2. 2 Silvia 17 julio 2009 en 20:48

    Dios, qué bueno eres. Tengo migraña y he pegado unas carcajadas que se me habrá escuchado en el bloque y en la plazoleta, ha sido una pequeña cura 😉
    Hasta hay sitios en los que se multan a quienes tienen sexo en la playa o se besan!! (creo que Franco fué sólo criogenizad,y el calentamiento global le estuvo derritienco…Oh, Dios mío, es que está vivo!!y poco a poco se va imponiendo el cabrón a lo ninja!!).

  3. 3 shenabuzak 17 julio 2009 en 23:11

    JAJAJAJA, Gracias por hacerme reir anacoreta…

  4. 4 El Anacoreta Urbano 18 julio 2009 en 6:44

    Nitro:
    Se te echa de menos

    Silvia
    Gracias Silvita. Me alegro de que tus carcajadas sean terapeuticas. Siempre he pensado que si todos fuesemos con una sonrisa por la calle las cosas serían de otra manera. solo hay que verlo en los niños… Las multas no son por el sexo, es que hay gente que se lleva media playa en la rabadilla del culo y no veas lo que le cuesta al Ayuntamiento reponerla. Nos estamos cargando el litoral a polvos. PD: Que se jodan los vecinos.

    Shenabuzak:
    (O_o) Si quieres agradecermelo hazlo con comentarios dignos de ello. O al menos inténtalo, lo mismo hasta lo consigues.

  5. 5 pijus gaditanus 24 julio 2009 en 16:32

    Uuufff…me quedo tranquilo. Me detuvieron un par de veces por el tema “paletas” y por lo de la rabadilla. Gracias.


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