Mientras escribo


Tengo días en los que tecleo antes de pensar, todo fluye y la creatividad me devuelve a la inocencia, a la infancia. Cuando encuentras una idea o un concepto que te hace desarrollar cuatro o cinco páginas de bloc a boli ( Un verdadero laberinto de historias y textos engarzados como piezas de puzzle sobre una hoja en blanco, para seguir dejando anotaciones como afluentes de un rio de tinta bic una vez acabado.) vuelves atrás en el tiempo, eres capaz de rescatar toda clase de sensaciones primigenias que la imaginación se encargó de grabar con pasión en la niñez y la desilusión se encargó de enterrar entre spam y decepciones. Volver a ser niño. Regresar a aquel estado en que todo era posible, real. La creatividad y la sensibilidad me permiten hacerlo. Son mis superpoderes. A cambio, no puedo ponerme una corbata y unos zapatos, ni hacerme funcionario (para más defunciones no estoy…) Ese es el precio.

Las emociones pasan a ras de piel y dejan su aroma, la fragancia de las musas, como una aparición mariana o una visita al pasaje del terror. Resulta difícilmente fácil traducir un momento de inspiración…

En algunas ocasiones me encuentro de rodillas junto a un cajón de plástico procedente de algún mercado madrileño. Su interior antes lleno de botellas o frutas ha sido sustituido por cuidados vinilos de rock que desprenden un particular olor. En un salón poco iluminado, grisaceo y desordenado hasta el que llega el vaho de un cazo de arroz blanco hirviendo que desemboca en una atmosfera levemente humedecida entre revistas, vinilos y polvo. El papá de mi amigo es bajista de una conocida banda de rock y locutor en un programa nocturno de radio. En su casa guarda una ingente cantidad de discos de heavy. Con 8 años me apasionaba rebuscar entre las carpetas de los vinilos, una tras otra, caja tras caja. Me impresionaban las portadas y los mundos que se encerraban en ellas: la muerte, el tiempo, la sexualidad, el esoterismo, el arte… uno se perdía en algunas de ellas con sumo placer, intentando descubrir más detalles y mensajes escondidos en las ilustraciones de Dereck Riggs que corroboraran nuestra imaginación desbordada en historias que llevarse al insomnio. Recuerdo el maquillaje de Kiss y la lengua de Gene simmons, la mermelada roja entre los colmillos de atrezzo de Ozzy Osbourne y los cuernos de Angus Young en Highway to Hell… o aquellas otras sobre las que debatiamos cuestiones más morbosas ¿eran chicos o chicas las acicaladas estrellas del glam que aparecián en el disco? Ese momento mágico era inigualable, como cuando Christopher Reeve encuentra el cristal de kriptonita por primera vez en la granja de su padre en el Superman del 78. Ese instante mágico solo era igualable a la busqueda de una nueva portada, caja tras caja y una tras otra, entre la colección de revistas porno que su papá también almacenaba tras una cortina, entre trastos e inventos y una bicicleta sin ruedas. ( Les debo un capítulo…)

Hasta allí viajo. Y regreso. Conmigo traigo algo olvidado que rescata en mi una sonrisa o una explicación a porqué el mundo es así por encima de ecuaciones matemáticas y psicopatologías rebosantes de daños colaterales.

Escritura automática. No sé dónde leí o escuché que los escritores aciertan con las obras que crean en momentos jodidos, podría ser, la autodestrucción es necesaria para reconstruir e instaurar un nuevo orden, aunque este sea igual de caótico… las musas, la inspiración, una exalación de humo de ganja de dios sobre nuestras cabezas… en ocasiones me siento como Sócrates que renegaba de los dioses pero una vez condenado a muerte y bebida la cicuta ordenó sacrificar un gallo a Esculapio; Es decir, intento ser racional a la hora de entender o intuir la inspiración, pero eso no impide que tenga momentos de iluminación y que, cegado por el tesoro que creo haber encontrado brillando bajo mis pupilas, dé gracias al diablo que se sienta en mi hombro. Hijo de la gran puta.

Y ahora, en la habitación maldita de un hotel de carretera, acaba de bajar una de esas putas de Zeus a follarme el cerebro, a susurrarme rimas al oido al ritmo del zigzagueo del bolígrafo que ella cabalga bajo sus movimientos pélvicos. Es un puto placer. La soledad me ha vuelto a seducir, ella no miente. Si me ves algo callado después de follar no te preocupes, no eres tú, es Calíope. Ya tienes Anacoreta, la idea de tu primera novela. Quizás acabe en un cajón esperando ser rescatada como el vino de una bodega, o en el almacen donde guardan a Rosebud, pero esta noche algo ha cambiado. Algo se ha ido, algo ha llegado.

He dejado de estar jodido.

Sonreir es divertido.

Ahora toda esa inspiración arde en las calderas de mi ego como un fénix. Llevo escribiendo desde pequeño, recuerdo la máquina de escribir en la que mi madre practicaba mecanografía, los rotrings, las hebras de goma sobre los surcos de lápiz… pero 25 años haciéndolo no son suficientes para ser escritor y ahora, que la vida muestra su inquietante circo de freaks entre los que uno actúa con mejor o peor ventura, comienzo a afilar la cuchilla con la que Buñuel sesga el ojo del lector, el espectador, al amante. Duermo desde hace dos años junto a un bloc y un boli sobre mi cama. La noche es mi perdición. La luz del móvil hace de vela en una cuenta atrás que me permite divagar ideas sobre el cuaderno, pero es inútil, soy una criatura nocturna y acabo delante del teclado cometiendo algún crimen. Es pronto para ser escritor pero mi sentido arácnido comienza a agudizarse, a vibrar como una onda procedente de no sabría dónde hasta adherirse a mi imantada cabeza. Durante el día me descubro a mi mismo hablando con mis personajes, viviendo los episodios que algún día escribiré y que comienzan a acumularse en el cajón de la mesita de noche hasta que encuentre la forma de unirlos y coserlos para hacer andar al monstruo.

Escribir es mi soma: cura diez sentimientos melancólicos y tiene todas las ventajas del cristianismo y el alcohol.

No hay prisas. Si me convierto en escritor podreis denunciarme con motivo, habrá para tod@s.

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1 Response to “Mientras escribo”


  1. 1 La copa de Circe 29 agosto 2009 en 12:12

    Im-presionante, en dos palabras.


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