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La Maldición del Caballero Oscuro

Llegó galopando en su caballo negro que, irguiéndose furioso sobre sus patas traseras, relinchó endemoniadamente ante el fulminante y escarpado abismo que le impedía continuar el camino. La roca acantilada se tragó su eco.

Decián que El Caballero Oscuro, de metálica y opaca armadura negra como el carbón y sobre la que tallaba toda clase de ángeles y demonios mitológicos, había hecho un pacto con el diablo. Le vieron caer bajo el rojo crepúsculo estepario, en la batalla: El odio y el acero habían atravesado su hermético e infranqueable exoesqueleto. Ahora cabalgaba, mercenario del infierno, completando los grabados de su armadura con bellas y letales quimeras. Seguir leyendo ‘La Maldición del Caballero Oscuro’

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La Luz de la Deriva

A Paula…

Aleatoria, perdida como un pececito divaga
en la acuarela azul que oscurece al atardecer
dónde  la luz de los astros
sólo llega
cuando desvanece el sol al anochecer.

Es entonces cuando la hora azul colorea sus sueños
con arpegios lentos de colores que salpican
el mundo mudo en que transgrede el tiempo
en espacios de espuma diluida en su orilla.

Y en la cúpula observa conspirar las estrellas
el devenir de los navegantes.

El beso vampiro de la hija de Zapatero

Anoche estuve de canguro de las hijas de Zapatero. Por supuesto iban ataviadas con sus trajes fúnebres y sus botas de luchadores de WWF. Una de ellas comenzó a tontear conmigo y a insinuarse jugueteando con el lazo negro que amortajaba el escote bajo el que se abrían vertiginosos sus pechos blancos. “Siempre quise ser un vampiro” pensé. Se acercó sin reparo, con toda naturalidad, mientras me desvelaba uno de los secretos de su diario; Que interrumpió súbitamente con un beso húmedo. Me había leido el pensamiento, lo estaba deseando. Sus muerdos me hipnotizaron hasta hallarme abandonado sobre el suelo de la Moncloa, sus labios eran finos y su lengua revoltosa como un súcubo. ¿Cuánt@s canguros habrían sucumbido a su apetito adolescente, a la impertinencia erótica de lo oscuro? Había comenzado mi erección. En pleno morreo gótico me despierta el puto móvil con una de sus melodías predefinidas …¡Mierda! ¿Porqué siempre se joden los sueños eróticos cuando va a dar comienzo lo bueno?

Ya sé que os preguntaréis porqué exclamé “¡Mierda!” en vez de “¡Salvado!”… En mi fantasía onírica la hija vampira de Zp estaba que te cagas de buena, para eso era mi sueño.

Banda Sonora Original: Me enamoré de un presidente del gobierno adolescente procedente del espacio exterior (Siniestro Total)

Conversación Sintomatológica

– ¿Cual es mi problema Anacoreta?
Te crees tus propias mentiras.
– ¡En absoluto!
Entonces tu problema es más grave de lo que pensaba…

Las 4:20 de la madrugada y otras lecturas recomendadas…

Estoy algo perezoso. La verdad es que vivo adocenado en un kaos desde el que sonrío en calzoncillos y con barba de tres días, salteo estos días en el aceite que rezuman las barbacoas de septiembre. …Sí mamaaaaá, mañana recogeré mi cuarto pero antes dejame desordenar el mundo en un parrafo extralargo. Saldré de entre el humo de mi nave espacial nada más abrir la puerta: Me fumaré un cigarro mientras trazo un plan en el baño, buscando entre prospectos de fármacos en que leer tus efectos secundarios, es cuestión de química entre nosotros. Alguien me ha reprochado que no escribo, que no produzco… Tendré que poner un paypal, aunque otros escriban gratis y alguno de ellos además bien. Seguir leyendo ‘Las 4:20 de la madrugada y otras lecturas recomendadas…’

Historias para no dormir

Ahora lo entiendo todo. Tan sólo fue un mal sueño…

(Ilustración “El sueño” de El Anacoreta Urbano
… Entrada inspirada por la paradoja de La navaja de Occam)

Juegos malabares

Salí de la pastelería con dos enormes donuts recubiertos de una quebradiza y fina capa de azúcar y la sonrisilla de un niño malo.

Allí en la calle, desapercibida ante un estrambótico gorro de colores sobre el que germinaban esporádicos unos pocos céntimos, estaba ella: Una joven y preciosa rubia de pelo rasta haciendo malabares con un diábolo. Me detuve ante el ignorado espectáculo callejero con el que recorría el mundo. Intercambiamos un par de miradas fugaces: mi media sonrisa sostenida en el primer bocado de un dulce Versus su risilla tímida e intermitente, robada a la atención del malabarismo.

No tenía sujetador, era libre. Yo no tenía un euro en el bolsillo, también lo era… Seguir leyendo ‘Juegos malabares’