Si vives en una mentira
no podrás evitar el hedor
de la verdad cadáver…
Continuar leyendo ‘La Verdad (Quimera II: La Enferma mentirosa)’
El Extraño Caso de El Anacoreta Urbano
Si vives en una mentira
no podrás evitar el hedor
de la verdad cadáver…
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Colección de unicornios usados
Caramelo es caliente sobre tu piel de escalofríos y en escarcha florece sobre la mia, como lluvia de verano. Entonces llega la brisa, que nos mece en el jadeo desatado de una trenza de sonrisas. ¿Me avisas? Si borras de este pecho de hormigón desarmado tu corazón alado rubricado con tiza. Coloréalo sin prisas con el azul del cielo. Lo vuelo, a pelo, despego, del suelo, mis alas, de fuego, despliego, sin miedo: cabalga libre en mi lomo. Sediento, apuro la última gota de néctar que recorre la comisura de tus labios. Esa que sacia el último beso con el sabor intenso del primer trago. Y al filo de este abismo, hasta el final, leal espero: tu mano acariciando mi brio o tu daga afilada en mi cuello.
No es sueño: No hay dueño para este unicornio.
Foto: El Anacoreta Urbano
En un documental de la 2… “4.000 renos se desplazan por la nieve del extenso desierto Ártico buscando unas temperaturas que…”
Ella - Mira cariño, ¡4000 Renos!
Él – …De ahí sale una buena parrillada.
ESCENA I – EXT. NOCHE. LA PLAYA
Una playa nocturna y estrellada, iluminada vagamente por luces lejanas de chiringuitos y farolas de carretera. Entre los grupúsculos de hogueras y barbacoas de guerrilla destaca un coro donostiarra de gordas adolescentes en bikini que desmembran toda clase de éxitos musicales de ayer y hoy: “Oliver y Benji”, “El portal de Belén ” o “El Corazón Partío” (Esa que canta el famoso cantante de pop que protagoniza una leyenda urbana en la que recibe tres puntos en el ojete). Justo al lado, nuestros protagonistas les mangan un par de vasos y hielo, entre otros éxitos alcohólicos de hoy y ayer.
Una gorda en bikini baila con afan de protagonismo, abanico en mano, ante una pequeña hogera. Le acompaña una especie de ultracuerpo lánguido de género masculino que viola con sus manitas de mantequilla una guitarra acustica.
Gorda lider
- …¡Como una ola! De fuego y de caricias… ¡Como una olaaaaaaaaaaaaaaaa! Continuar leyendo ‘La Hora Bruja III: El Porro de San Juan’
- Papá… Mamá está haciendo topless en la piscina…
…
- Que se jodan los vecinos




Ayer la soledad me llevó hasta un festival de Blues.
El Blues nace con el canto de los esclavos afroamericanos, creciendo entre campos de algodón, en el delta del Misissipi y New Orleans. Tristeza la de los negros que, en forma de plegaria, bebió también de baladas escocesas e irlandesas, alrededor del fuego nocturno y los primitivos sonidos procedentes del pantano y sus fantasmas. El blues está impregnado de sentimientos, de oraciones, de desamor y lamentos que, entre blends y slides de guitarra con sonido a lata, tensan las seis cuerdas que anudan el corazón hasta hacerlo sangrar.
Anoche, Eugene Hideaway Bridges hacia llorar su Gibson mientras yo capturaba su alma y vomitaba la mia en esta pequeña serie de fotos: era noche de Blues.

… Reloj de sol encontrado en el desierto de lo real
Rashîd toca el piano y el violín. Recorre cada noche la rambla en su bici, bajo la atenta mirada de su abuela; Que le vigila omnisciente como un ojo de Mordor desde una de las mil terrazas que dominan al paseo marítimo de neón. Vive cerca de la mezquita. Tecnología y religión son sus asignaturas favoritas y os aseguro que patearía vuestro culo si atrevierais ponerle a prueba. Solo tiene 12 años. Al anochecer merodea sobre sus dos ruedas alrededor mía, tras adelantarme ritualmente haciendo alguna pirula hasta reducir el pedaleo a la velocidad de mi carrera. Ya os he dicho su nombre: Rashîd; pero yo le he puesto “Viernes”. Me acompaña en mi particular chute de endorfinas, meditadas hasta entonces con un walkman.
Es musulmán y la temprana disciplina del Corán le hace muy diferente de una gran mayoría de niños occidentales dejados de la mano de dios. El adoctrinamiento coránico aún no ha borrado la sonrisa infantil, inquieta e insaciable con la que ilumina el paseo marítimo al paso de su bicicleta y con la que corona cada una de sus preguntas.
No concibe el escepticismo filosófico ni el ateismo. El agnósticismo no termina de convencerle del todo a pesar de haberle tentado con la surrealista paradoja de un dios cabronazo que lo mismo te prende fuego por usar un condón en Ángola que por pedir media ración de ibérico gran reserva y una jarra de cerveza bien fría después de un paseo por el sahara marroquí, en el bar más cercano.
En alguna ocasión pienso que es un ser del cosmos enviado por Alá o cualquiera de esos cabrones omnímodos para hacerme meditar y sacarme del agujero en el que he ido a parar junto a una funcionaria obesa del Inem a la que le pesa hasta el alma. Le he contado que fui bautizado y que, desde entonces, no me he mojado más a pesar de haber llovido mucho. Para él la religión es una verdad que inspira el camino a un dios con cara de examinador de tráfico y reglas de monopoly. Para mi, un infiel, los dogmas de fe son un método de control antropológico. Y hasta que no se resuelvan, entre otros conflictos teológicos, la omnipresencia que comprende a dios incluso en el mismisimo infierno y la ubicuidad de Miguel Bosé ( Mmmmm… ¿Acaso no son él y Bimba Bosé la misma persona? ), no marcaré la casilla de la iglesia en mi declaración de Hacienda. Estoy condenado.
Hablamos de religión, de la verdad… y de chicas.
Desde hace un par de noches echo de menos su bicicleta, tanto como nuestra extraña amistad. Sé que algún día desaparecerá como apareció: pedalenado a toda prisa, sembrando cuestiones irresolutas a su paso y sonrisas que patearían el culo del propio Mahoma, ya os lo dije.
Trabajé un tiempo en una televisión local, en Fuengirola. Tenía un espacio de música: quemaba y desintegraba cedés con un martillo, o revistas musicales llenas de pajas mentales para que alguien se dignase a verlo. También ponía videoclips.
Una tarde de grabación apareció en el estudio La Concejala 44 ( chan, chan chaaaaan!). Una señora, o señorita ya madura, delgada, enjuta y de rostro artístico: por la cantidad, calidad y dedicación a la pintura que había en su picassiano y escrúfulo rostro. Era un cuadro: avanzaba artificialmente por la calle a zancadas: entaconada de aguja en un gran y aparatoso abrigo de piel de pelo de guachaflán en extinción que solo dejaba al descubierto su melena rubia, sus collares de perlas y unas piernas patas gallinaceas de medias oscuras. Cabía la posibilidad, dado su inmutable estilo de feligresa de primera fila de misa, de que durmiera así, tomara el sol en la playa así y por supuesto follase tal cual si es que el sueldo de concejala, aparte de permitirle vestir como en una inacabable fiesta de fin de año, se lo facilitara. No lo critico, yo voy en bata y pantuflas frikis a todas partes: hay que ser fiel a uno mismo. No tengo puñetera idea de cual concejalía llevaría en cartera; con toda seguridad: un desproposito burocrático de su talla. Concejalía del Más Allá. O algo así con reminiscencias a la ouija y la peletería. Continuar leyendo ‘La Concejala 44′

Laberinto
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